No nos enseñaron a admitir nuestra ignorancia. A la mayoría nos inculcaron la idea de sonar seguros y confiados, de expresar nuestra opinión como si fuera la verdad absoluta. No se nos ha recompensado por estar confundidos, ni por hacer más preguntas en lugar de dar respuestas rápidas. Además, durante muchos años nos hemos dedicado principalmente a escuchar a los demás para determinar si estamos de acuerdo con ellos o no. No tenemos tiempo ni interés en sentarnos a escuchar a quienes piensan diferente.
Es muy difícil renunciar a nuestras certezas: nuestras posturas, nuestras creencias, nuestras explicaciones. Estas nos definen; constituyen la esencia de nuestra identidad personal. Sin embargo, creo que solo lograremos cambiar este mundo si pensamos y trabajamos juntos de maneras nuevas.
Necesitamos curiosidad. No tenemos que renunciar a nuestras creencias, pero sí debemos sentir curiosidad por las de los demás. Debemos reconocer que su forma de interpretar el mundo puede ser esencial para nuestra supervivencia. Para sentir curiosidad por cómo interpretan las cosas los demás, debemos estar dispuestos a admitir que no somos capaces de comprenderlas por nuestra cuenta.
Últimamente, he estado prestando atención a lo que me sorprende. ¿Qué acabo de oír que me sobresaltó? No es fácil; estoy acostumbrado a asentir con la cabeza a quienes dicen cosas con las que estoy de acuerdo. Pero cuando me doy cuenta de lo que me sorprende, puedo comprender mejor mis propias opiniones, incluyendo mis creencias y suposiciones.
Observar lo que me sorprende y me incomoda ha sido una forma muy útil de descubrir creencias ocultas. Si lo que dices me sorprende, es porque daba por sentado que algo era cierto. Si lo que dices me incomoda, es porque creo algo contrario a ti. Mi asombro ante tu postura revela la mía. Cuando me oigo decir: "¿Cómo puede alguien creer algo así?", se me ilumina la mente y puedo ver mis propias creencias. Estos momentos son un gran regalo. Si logro ver mis creencias y suposiciones, puedo decidir si aún les doy importancia.
A veces dudamos en escuchar las diferencias porque no queremos cambiar. Nos sentimos cómodos con nuestra vida y, si escucháramos a alguien que planteara preguntas, tendríamos que involucrarnos en cambios. Si no escuchamos, las cosas pueden seguir como están y no tendremos que gastar energía. Pero la mayoría de nosotros sí vemos cosas en nuestra vida o en el mundo que nos gustaría que fueran diferentes. Si es así, debemos escuchar más, no menos. Y debemos estar dispuestos a adentrarnos en el incómodo terreno de la incertidumbre.
Es muy difícil renunciar a nuestras certezas: nuestras posturas, nuestras creencias, nuestras explicaciones. Estas nos definen; constituyen la esencia de nuestra identidad personal. Sin embargo, creo que solo lograremos cambiar este mundo si pensamos y trabajamos juntos de maneras nuevas.
Necesitamos curiosidad. No tenemos que renunciar a nuestras creencias, pero sí debemos sentir curiosidad por las de los demás. Debemos reconocer que su forma de interpretar el mundo puede ser esencial para nuestra supervivencia. Para sentir curiosidad por cómo interpretan las cosas los demás, debemos estar dispuestos a admitir que no somos capaces de comprenderlas por nuestra cuenta.
Últimamente, he estado prestando atención a lo que me sorprende. ¿Qué acabo de oír que me sobresaltó? No es fácil; estoy acostumbrado a asentir con la cabeza a quienes dicen cosas con las que estoy de acuerdo. Pero cuando me doy cuenta de lo que me sorprende, puedo comprender mejor mis propias opiniones, incluyendo mis creencias y suposiciones.
Observar lo que me sorprende y me incomoda ha sido una forma muy útil de descubrir creencias ocultas. Si lo que dices me sorprende, es porque daba por sentado que algo era cierto. Si lo que dices me incomoda, es porque creo algo contrario a ti. Mi asombro ante tu postura revela la mía. Cuando me oigo decir: "¿Cómo puede alguien creer algo así?", se me ilumina la mente y puedo ver mis propias creencias. Estos momentos son un gran regalo. Si logro ver mis creencias y suposiciones, puedo decidir si aún les doy importancia.
A veces dudamos en escuchar las diferencias porque no queremos cambiar. Nos sentimos cómodos con nuestra vida y, si escucháramos a alguien que planteara preguntas, tendríamos que involucrarnos en cambios. Si no escuchamos, las cosas pueden seguir como están y no tendremos que gastar energía. Pero la mayoría de nosotros sí vemos cosas en nuestra vida o en el mundo que nos gustaría que fueran diferentes. Si es así, debemos escuchar más, no menos. Y debemos estar dispuestos a adentrarnos en el incómodo terreno de la incertidumbre.
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The “cloud of unknowing” is full of delight. }:- ♥️ a.m.