En estos momentos, la vida se reduce a lo esencial: cuidar de los seres queridos, conseguir comida, hacer ejercicio sin estar rodeados de gente, mantenerse sano, agradecer a quienes nos ayudan y llorar a quienes han fallecido a causa de la enfermedad. Pero pensemos en esto como una reorientación, no como una reducción.
Estamos viviendo una paradoja. Cada uno de nosotros vive solo en un momento peligroso, sin saber qué nos depara el futuro. ¿Pero qué tiene eso de nuevo? Llevamos enfrentándonos a lo desconocido cada día de nuestras vidas. ¡Simplemente no lo sabíamos!
Nacimos para descubrir quiénes somos y por qué estamos aquí. Para desarrollar un alma. Para desentrañar el sentido de nuestra vida. Los junguianos lo llaman individuación, alinearse para convertirse en un individuo, sin dejarse influir por el flujo y reflujo de las influencias del colectivo. Sin embargo, todos estamos en esto juntos: sufriendo la misma condición humana, que hoy se llama COVID-19, y tratando de mantener la distancia entre nosotros.
Un vuelo en solitario.
Tanto en soledad como en compañía, compartimos el miedo al contagio, a las consecuencias económicas, a que se agoten nuestros recursos, al peligro que corren nuestros seres queridos. ¡Cuánto añoro la seguridad de ayer! Sin embargo, en realidad no era muy segura. Así que todo es un sueño.
¿No creías tú también que la vida era bastante predecible? Hasta que algo terrible te sucedió a ti o a tus seres queridos. Piensa en los tiempos peligrosos —para nosotros y para el planeta— antes de que comenzara la pandemia de 2020. Sin embargo, cada uno sobrevivió en su rincón. Ahora, la supervivencia misma está en duda. ¡Ahora nos enfrentamos a la realidad de que cualquier cosa puede suceder!
El miedo existencial siempre nos ha acompañado, aunque casi siempre de forma imperceptible. Hoy, sin embargo, está muy presente en todos nosotros. Solos, pero a la vez juntos, compartimos esta condición. ¿Qué sucederá después?
El cuerpo teme la aniquilación. El ego también. Hoy busco la serenidad que conecta mi ser cotidiano con mi Ser Interior para encontrar un lugar de descanso en mi interior. Porque, en realidad, Ella siempre está ahí, esperando que me vuelva hacia ella.
“¿Cómo se hace eso?”, le pregunto a mi guía interior. Y ella responde: “Atención, atención, atención”. Necesitamos despertar a esa persona dormida que llevamos dentro, esa que sigue anclada en el pasado o que se envuelve en sueños de futuro. Es hora de que se ponga de pie.
Por suerte, el hecho de quedarnos solo con lo esencial cumple precisamente ese propósito. Temblorosa de miedo ante esta enfermedad desconocida, impredecible pero virulenta, e insegura de cómo protegerme, tengo la oportunidad de reconectar conmigo misma, más allá de mi yo cotidiano.
Hambriento y necesitando buscar qué comer, me reconecto con las necesidades de mi humanidad.
Necesitando aparentar no tener miedo delante de mi familia, reconecto con mi yo padre interior mientras reconozco en silencio el miedo que siento.
He aquí un nuevo propósito, más allá del pánico, del instinto de autopreservación (que me digo a mí mismo que es perfectamente normal y natural). Empiezo a buscar intensamente en qué parte de mí quiero vivir mis quizás últimos días. ¿Qué parte de mí necesita más mis urgentes esfuerzos de autopreservación?
Cara a cara con una paradoja.
Reducido, pero más completo.
Reorientado a lo esencial.
Parte del mundo en general y del Ser superior, la Fuente, incluyendo a los demás en el amor y el servicio.
COMMUNITY REFLECTIONS
SHARE YOUR REFLECTION
2 PAST RESPONSES
Thank you. Feeling this acutely and reminding myself to focus on what I Can control & do in my lil corner and that it is OK to face the unknown too. ♡
I Can breathe,
I Can read Daily Good,
I Can take myself for a walk,
I Can notice my inner narrative,
I Can reach out for a call,
I Can sit outside and listen to birds sing,
I Can contribute to compassion for self and others in my posts ,
I Can share coping tools with others....
♡
“Truly, truly, I say to you, unless one is born again he cannot see the kingdom of God.” Jesus of Nazareth speaking as the Cosmic Christ of greater things.