Al elegir, o a su corredor, todo gira en torno al comportamiento del mercado en su conjunto. Por lo tanto, quienes controlan el mercado, es decir, los grandes inversores institucionales, cuyas carteras diversificadas les aseguran la mayor participación, deberían preocuparse, en su propio interés, por la salud del mercado y del sistema. Al ayudarles a comprender su rol como administradores, se puede contribuir a preservar el sistema y crear las condiciones para tomar decisiones más acertadas y equilibradas en beneficio de todos los interesados.
Por último, no sabemos adónde vamos. Todo esto es nuevo. Literalmente, nunca ha existido. Por eso, otro principio presente en todas las tradiciones de sabiduría es que debemos aceptar la incertidumbre y aceptar con humildad que no sabemos cómo hacerlo.
Este es un poema increíble (en la diapositiva). No lo leeré, está en español, pero básicamente significa que construimos el camino al andar. No hay camino. Tenemos que hacer el camino al andar. Así que, al hacerlo, podemos tener presente una imagen que nos da una forma de pensar en una economía sagrada: «economía con el corazón en el centro». Esta hermosa representación artística de un corazón (en la diapositiva) es de una estación de metro de Santiago de Chile.
Esta imagen me ayuda a dejar atrás todo lo referente a los inversores institucionales, el deber fiduciario y todas esas estadísticas absurdas. Al fin y al cabo, todo eso solo intenta ser una manifestación de las desigualdades inherentes al sistema actual, que está en crisis, y a una cultura enferma. La verdadera pregunta es: ¿Cómo podemos poner el corazón en el centro de una economía que se ha basado durante más de 200 años en la mano invisible (de los mercados)? ¿Cómo podemos transformar nuestra cultura y nuestros sistemas para que valoren no esta mano invisible de los mercados, sino su corazón visible?
Por último, no sabemos adónde vamos. Todo esto es nuevo. Literalmente, nunca ha existido. Por eso, otro principio presente en todas las tradiciones de sabiduría es que debemos aceptar la incertidumbre y aceptar con humildad que no sabemos cómo hacerlo.
Este es un poema increíble (en la diapositiva). No lo leeré, está en español, pero básicamente significa que construimos el camino al andar. No hay camino. Tenemos que hacer el camino al andar. Así que, al hacerlo, podemos tener presente una imagen que nos da una forma de pensar en una economía sagrada: «economía con el corazón en el centro». Esta hermosa representación artística de un corazón (en la diapositiva) es de una estación de metro de Santiago de Chile.
Esta imagen me ayuda a dejar atrás todo lo referente a los inversores institucionales, el deber fiduciario y todas esas estadísticas absurdas. Al fin y al cabo, todo eso solo intenta ser una manifestación de las desigualdades inherentes al sistema actual, que está en crisis, y a una cultura enferma. La verdadera pregunta es: ¿Cómo podemos poner el corazón en el centro de una economía que se ha basado durante más de 200 años en la mano invisible (de los mercados)? ¿Cómo podemos transformar nuestra cultura y nuestros sistemas para que valoren no esta mano invisible de los mercados, sino su corazón visible?
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