Creo que la importancia de las ventanas se valora en proporción directa al grado de conciencia que se tiene de las limitaciones. Para quienes viven una existencia aparentemente libre, la presencia y la función de la ventana se dan por sentadas. Se mira a través de ellas, pero a la vez se las ignora. Pasan desapercibidas, como el estampado de las cortinas de la casa del vecino o la dirección del viento furtivo que recorre la ladera, ajeno a las leyes humanas.
Las ventanas existen para ser vistas a través de ellas, sí, pero no para ser ignoradas. Ser transparente no es lo mismo que ser insignificante. En este sentido, las ventanas se relacionan con lo invisible.
Dicho de otro modo: si no tienes una relación significativa con las ventanas, es posible que tengas dificultades para percibir la gracia. Para aquellos cuyas vidas son limitadas y conscientes, la ventana es tan imposible de ignorar como un pavo real o un cometa. Es un portal, un cuerno de la abundancia, un altar, una avenida cuya importancia es vital e imperativa para la vida. Una ventana es el infinito, enmarcado en un rectángulo de cristal, que otorga profundidad, misterio y la posibilidad de exploración a los actores que actúan a diario en pequeños teatros olvidados. Los pacientes en camas de hospital comprenden el sustento silencioso de las ventanas. También los prisioneros, y en su mayoría criaturas confinadas en sus hogares con vastas vidas interiores, como perros, gatos, niños pequeños, ancianos y Emily Dickinson.
Cabe mencionar que, para obtener resultados óptimos, no se deben sustituir las paredes por ventanas de forma excesiva. Una vivienda donde todas las paredes funcionan como ventanas pronto se vuelve tediosa y desconcertante. Una prisión al revés. Las celebridades y los peces de colores lo entienden mejor que nadie.
A veces es necesario explicar a los habitantes del mundo moderno que la televisión no es lo mismo que una ventana. Tampoco lo es el navegador. Si bien comparten ciertas similitudes evidentes, la similitud evidente no es un criterio muy exigente para la mayoría de las cosas. Una mesa y una pantera se parecen en que ambas tienen cuatro patas. Pero no se pueden intercambiar sin llamar la atención y tener consecuencias indeseadas.
Si consideras absolutamente necesario establecer comparaciones, una ventana se asemeja más a un libro o un puente que a un televisor o una pantalla de ordenador. Si la ocasión lo requiere, puedes intercambiar una por la otra sin dudarlo ni sufrir consecuencias catastróficas.
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