Por Joni Carley, Jude Currivan, Olof Elwin, Tezikiah Gabriel, Audrey Kitagawa, Merle Lefkoff, Youssef Mahmoud, Daud Taranhike en nombre de The Wisdom Collective.
¿Qué falta en el trabajo de transformación?
El clamor por la transformación se extiende por la diplomacia, la sociedad civil y la gobernanza global. Sin embargo, las instituciones encargadas de forjar nuestro futuro —incluidas las Naciones Unidas y sus ONG asociadas— a menudo se ven limitadas por el mismo paradigma que pretenden cambiar. La mitología imperante de la separación, arraigada en el pensamiento occidental y sus sistemas antagónicos, ha definido nuestra concepción de lo que es «realista». Este realismo percibido oculta mayores posibilidades. La verdadera transformación exige ver más allá de estas percepciones heredadas y limitadas.
Nuestra crisis civilizatoria es, en esencia, una crisis de conciencia. Lo que se necesita es una profunda reorientación, pasando de una visión del mundo basada en la separación a una fundamentada en nuestra interdependencia inherente.
Es hora de plantear preguntas más profundas.
- ¿Cómo sería un mundo sanado de la separación, y qué visión de sanación reflejaría?
- ¿De qué mitos y modelos mentales, especialmente aquellos arraigados en nuestras propias formas privilegiadas de conocimiento, debemos desprendernos y llorar?
- ¿Cómo podemos cultivar un sentimiento de unidad, expresado en la diversidad, como base para la acción, sin dejar de rendir cuentas a quienes han sufrido bajo los sistemas que buscamos transformar?
- ¿Cómo construimos instituciones que encarnen la interdependencia, en lugar de limitarnos a gestionar las consecuencias de la separación?
- ¿Qué semillas de renovación ya son visibles en las comunidades históricamente marginadas? ¿Cómo podemos fomentar, en lugar de apropiarnos, de su florecimiento?
El mito de la separación y la arquitectura de las instituciones
Nuestras instituciones globales suelen ser manifestaciones arquitectónicas de la separación. Sus lógicas operativas, mecanismos de financiación y compartimentos estancos burocráticos perpetúan la fragmentación que pretenden superar. A medida que la ONU busca una transformación interna, debe abordar la conciencia de la que surgen estas estructuras fragmentadas.
Reconocer la naturaleza unificada de la existencia —tal como la articulan tanto la ciencia moderna como las antiguas tradiciones de sabiduría— ofrece una nueva base para el diálogo. Sin embargo, debemos ser cautelosos: afirmar que la ciencia «confirma» la unidad puede constituir una forma de violencia epistémica si subordina otras maneras de conocimiento. Una historia unitiva no es una narrativa única impuesta desde arriba, sino un entramado polifónico de múltiples relatos, arraigados en lugares y culturas específicos. Esto refleja la ética de Ubuntu —«Yo soy porque nosotros somos»— no extrayéndola de su contexto, sino honrando su origen y manteniendo la responsabilidad ante las comunidades de las que aprendemos.
La conciencia como dominio del trabajo
La transformación profunda exige abordar la consciencia como un ámbito fundamental del trabajo, no como una evasión de las realidades materiales, sino como el campo mismo que moldea nuestra percepción de los problemas y nuestras relaciones interpersonales. Por ello, nos preguntamos: ¿De quién es esta consciencia, cultivada mediante qué prácticas y para beneficio de quién?
El llamado al trabajo interior debe ir acompañado de un compromiso riguroso con la responsabilidad estructural. El trabajo interior sin trabajo exterior conlleva el riesgo de evadir la atención a los problemas sistémicos. El trabajo exterior sin trabajo interior conlleva el riesgo de reproducir la misma conciencia fragmentada que creó nuestras metacrisis.
Cultivar una conciencia unitiva transforma nuestra perspectiva ante la incertidumbre. Nos permite pasar de una mentalidad centrada en «resolver» crisis a una mayor confianza en las posibilidades emergentes y creativas. En un paradigma basado en la separación, ralentizar el ritmo ante la urgencia se percibe como una retirada. Pero la verdadera urgencia exige profundidad, no prisa. Como nos recuerda el proverbio africano: «Cuando los tiempos son urgentes, reduzcamos la velocidad».
El lenguaje y la arquitectura del pensamiento
El lenguaje expresa y moldea la conciencia. Su estructura —sus sujetos y objetos, sus dicotomías— refleja el mito de la separación. Para comprender la transformación, debemos prestar atención al lenguaje mismo, a la evolución de la conciencia de la que surgen nuestras palabras.
El predominio del inglés no es neutral. El inglés sobresale en la abstracción y la categorización, lo que lo convierte en una poderosa herramienta para un paradigma de control. Sin embargo, está menos preparado para expresar las ontologías relacionales y el conocimiento territorial inherentes a otras lenguas. Cuando el inglés desplaza a otras lenguas, desplaza mundos enteros de significado. Si nuestra lengua no puede describir lo que sucede, perdemos el contacto con ese aspecto de la realidad.
La transformación exige la búsqueda activa de palabras de diversas culturas para romper la hegemonía cognitiva del inglés. Significa reconocer que nuestro propio léxico —«conciencia unitiva», «metamorfosis»— puede considerarse abstracto y potencialmente excluyente. Trascender nuestros límites lingüísticos requiere una constante introspección y sintonía con la totalidad de la vida, así como el reconocimiento de nuestra propia posición.
De la metacrisis a la metamorfosis
La metacrisis —colapso ecológico, fragmentación social— no es solo un conjunto de problemas. Es un reflejo de normas disfuncionales. Dado que las normas dan forma a la percepción, nuestra propia manera de ver debe transformarse.
La metacrisis exige una metamorfosis: una evolución de la conciencia que posibilite un cambio de paradigma. Esto implica la creación conjunta de prototipos vivos que encarnen principios unitivos en la gobernanza, la economía y la cultura; prototipos que surjan de comunidades específicas, no de diseños abstractos.
Nota sobre la metáfora: La metamorfosis de la oruga en mariposa es evocadora, pero no es el destino. La “sopa nutritiva” de la crisálida no garantiza la transformación. La transformación humana requiere una acción consciente y un trabajo colectivo. La mariposa es una posibilidad, no una promesa. Debemos elegirla, una y otra vez.
Sobre la interdependencia y la “falacia naturalista”
La interdependencia —respaldada por la ecología y la física cuántica— describe cómo son las cosas. Sin embargo, no determina por sí sola cómo debemos organizar la sociedad. La competencia también es observable en la naturaleza. El paso de la descripción a la norma no es automático.
La interdependencia ofrece un nuevo punto de partida para la negociación. Nos plantea la siguiente pregunta: dado que nuestras acciones tienen repercusiones en sistemas interconectados, ¿cómo debemos elegir vivir? ¿Y cómo debemos gobernarnos para vivir de esa manera? Este es un diálogo continuo que debe incluir voces de todas las perspectivas, especialmente de aquellas históricamente silenciadas. La unidad no consiste en la eliminación de las diferencias, sino en la capacidad de integrarlas como una tensión creativa y de valorar y celebrar la diversidad dentro de nuestra existencia compartida.
El terreno que pisamos: posicionalidad y liberación epistémica
Si la transformación requiere un cambio de conciencia, también requiere un cambio en quién centra su atención y qué conocimiento valora. Esta es la labor de la liberación epistémica.
La liberación epistémica requiere desaprender. Significa abandonar visiones del mundo individualistas y antropocéntricas profundamente arraigadas. Exige que tomemos conciencia de nuestra propia aculturación a los sistemas dominantes y de cómo, al estar arraigados en ellos, podemos reproducir inconscientemente patrones dañinos. Este proceso implica familiarizarnos con un estado de «no saber». Porque es en este espacio liminal entre el saber y el no saber donde reside la sabiduría.
Un examen crítico de la “conciencia unitiva”
Proponemos que la conciencia unitiva es un camino hacia la transformación colectiva. No es un estado fijo, sino una orientación: una forma de percibir que reconoce la interconexión a la vez que respeta la diferenciación. Es ambas cosas a la vez: unidad y diversidad, soberanía e interdependencia.
Pero esta formulación sigue siendo abstracta. ¿Cómo distinguimos la comprensión genuina y unificadora del sesgo cognitivo, la ilusión o la evasión de responsabilidades? ¿Cómo abordamos mejor la incomodidad de realidades difíciles como el privilegio, el trauma histórico y la violencia estructural? ¿Cómo pueden las políticas públicas respaldar la ardua labor de rendición de cuentas, sanación interior y transformación exterior?
Para muchos en el Sur Global, las afirmaciones universalistas sobre la unidad pueden sonar como una nueva forma de dominación epistémica que devalúa las luchas históricas específicas que requieren respuestas concretas, no solo “unitarias”. La conciencia unitiva, cuando se invoca sin tener en cuenta la posición, se convierte en una forma de eludir el legado del colonialismo. Por lo tanto, nos corresponde llevar adelante este trabajo no con una humildad abstracta, sino con una responsabilidad concreta, sello distintivo de la sabiduría.
La paradoja de la inteligencia artificial
La relación entre la IA y la conciencia unitiva es profundamente paradójica. La IA es el máximo exponente de la epistemología basada en la separación y centrada en los datos que criticamos. Surge de sistemas de extracción y control. Sin embargo, también ofrece herramientas potenciales para percibir patrones de interconexión demasiado complejos para la mente humana.
Es hora de preguntarse: ¿De quién es el conocimiento que entrena a estos sistemas? ¿Qué lenguajes se incluyen? La IA corre el riesgo de propagar una monocultura hegemónica. Solo puede contribuir a la transformación si se desarrolla y rige mediante principios de transparencia y equidad radicales. La cuestión no es si la IA puede contribuir a la transformación, sino si podemos transformar las condiciones en las que se crea para que pueda hacerlo.
El camino a seguir
Un cambio de paradigma es como el desplazamiento del polo norte magnético de la Tierra: requiere reorientarnos hacia un nuevo punto de referencia. Nuestro antiguo polo norte se basaba en falsas suposiciones de separación. Ahora imaginamos una nueva orientación alineada con la realidad de nuestra interconexión. Esto exige nuevos puntos de referencia, nuevos sistemas operativos y nuevas maneras de desenvolvernos en estos tiempos de transición.
La brújula debe ser sostenida por muchas manos y el mapa trazado desde múltiples perspectivas. El proceso es emergente, no predeterminado.
El futuro no solo depende de lo que podamos arreglar, sino también de lo que podamos imaginar juntos. Al reestructurar nuestras vidas sobre bases que honren tanto la unidad como la diversidad, comprendemos que no estamos separados del todo, sino que somos expresiones del mismo: cada uno único, cada uno valioso, cada uno responsable y todos pertenecientes al conjunto.
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2 PAST RESPONSES
I'm excited by this article. Indeed transformation calls for deep shifts in human consciousness. Need for inner work truly linked to outer work and vice versa, sensitivity toward language, shift in relation with time --slowing down to move forward.
I know Audrey and Tezi a little, I worked with URI for over 25 years in organizational development I realize that network vitality must draw upon deep shifts in how organizations understand the world and embrace interdependence. Recently I'm connecting with 7th Generation Labs - engaging with indigenous pace of "slow medicine" and "the learning way." Based on the work of Paula Underwood and her book The Walking People. I'm glad to know about the Wisdom Collective. -thanks so much for your commitment.