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Parece que nuestra sociedad atraviesa un momento difícil en cuanto a cómo abordamos temas complejos y controvertidos en nuestro discurso político e incluso en nuestras reflexiones espirituales. Creo que la única manera de superar esta polarización es revalorar el silencio.
El silencio tiene vida propia. No se limita a rodear las palabras y a estar presente bajo las imágenes y los acontecimientos. Es un ser en sí mismo con el que podemos relacionarnos y familiarizarnos íntimamente. Filosóficamente, diríamos que el ser es esa cualidad fundamental que precede a todos los demás atributos. El silencio se encuentra en el fundamento mismo de toda la realidad: el ser puro, si se quiere. El ser puro es aquello de lo que todo surge y al que todo regresa. O, como me gusta decir, la Realidad es la aliada más cercana de Dios.
Cuando conectamos con el silencio como una presencia viva y primordial, podemos ver todo lo demás —y experimentarlo profundamente— dentro de ese espacio. El silencio no es solo una ausencia, sino una presencia primordial. El silencio envuelve cada «sé» con un humilde y paciente «no sé». Protege la autonomía y la dignidad de los acontecimientos, las personas, los animales y todas las cosas creadas.
Para que quede claro, el tipo de silencio que describo no ignora la injusticia. Como explica Barbara Holmes: «Algunos permitimos que el silencio envuelva y nutra por completo nuestra búsqueda; otros, silenciados por la opresión, buscan expresar la alegría de la reunión espiritual en un evocador contrapunto. Por aterrador que pueda ser “centrarse en uno mismo”, debemos encontrar la quietud en el núcleo del grito, la pausa en medio del “amén”, como primeros pasos hacia la restauración».
Debemos encontrar la manera de regresar a este lugar, vivir en él, permanecer en este silencio interior. El silencio exterior tiene poco sentido si no existe un silencio interior más profundo. Todo lo demás se percibe con mayor claridad cuando surge del silencio.
Sin silencio, no vivimos plenamente nuestras experiencias. Estamos aquí, pero no en la profundidad del aquí. Tenemos muchas experiencias, pero no tienen el poder de transformarnos, despertarnos ni darnos la alegría y la paz que el mundo no puede brindar, como dice Jesús (Juan 14:27).
Sin cierto grado de silencio interior e incluso exterior, nunca vivimos de verdad, nunca saboreamos el momento. Lo opuesto a la contemplación no es la acción, sino la reacción. Debemos esperar la acción pura, que surge del silencio profundo.
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Para más inspiración, únete a la Llamada del Despertar de este sábado con la Reverenda Paulette Pipe: Conectando con la quietud interior. Más detalles e información para confirmar tu asistencia aquí.
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Thank you for the reminder of the power of silence. Taking today to be in silence this entire afternoon, to allow space for contemplation <3