En una adaptación de su nuevo libro, Dacher Keltner explica el secreto para obtener y conservar el poder: centrarse en el bien de los demás.
Durante los últimos veinte años, he estado realizando experimentos para encontrar
He investigado cómo se distribuye el poder en los grupos. Me he infiltrado en residencias universitarias y campamentos de verano para niños para documentar quiénes ascienden al poder. He llevado hermandades y fraternidades enteras al laboratorio, capturando la esencia y la difusión de la reputación de los individuos dentro de sus redes sociales. He identificado subrepticiamente de qué miembros de los grupos se habla y quiénes son objeto de chismes. Para trazar un mapa de la experiencia del poder, he estudiado lo que se siente al ocupar posiciones de autoridad.
Los hallazgos de esta investigación convergen en una idea central: mientras que el enfoque maquiavélico del poder presupone que los individuos lo obtienen mediante la coerción, el engaño estratégico y el debilitamiento de otros, la ciencia revela que el poder no se toma por la fuerza, sino que es otorgado por grupos. Esto significa que tu capacidad para influir en el mundo —tu poder, como yo lo defino— está determinada por la opinión que los demás tienen de ti. Tu capacidad para alterar la situación de los demás depende de la confianza que depositan en ti. Tu capacidad para empoderar a otros depende de su disposición a dejarse influir por ti. Tu poder se construye a partir de los juicios y las acciones de los demás. Cuando te otorgan poder, aumentan tu capacidad para mejorar —o empeorar— sus vidas. A lo largo de la historia, influir en el mundo se ha considerado uno de los aspectos más cruciales y significativos de la vida humana. Los polinesios llamaban a esta fuerza sagrada mana. Las tribus de las llanuras norteamericanas la denominaban x'iopini. Hoy podríamos llamarla propósito, misión o vocación, pero quizás el nombre más apropiado sea poder. Nuestro propósito en la vida, la diferencia específica que estamos mejor capacitados para marcar en el mundo, se expresa en esta experiencia universal de poder.
Cuando recibimos poder, lo sentimos como una fuerza vital. Recorre el cuerpo, impulsándonos hacia adelante en la consecución de nuestros objetivos. Al sentirnos poderosos, experimentamos mayores niveles de entusiasmo, inspiración, alegría y euforia, lo que nos permite actuar con propósito y determinación. Al sentirnos poderosos, captamos con mayor claridad las recompensas del entorno y comprendemos rápidamente qué objetivos definen cada situación. Al mismo tiempo, estos momentos de poder nos hacen menos conscientes de los riesgos que conlleva cualquier acción. Esta experiencia de poder nos impulsa en dos direcciones: hacia el abuso de poder y las acciones impulsivas y poco éticas, o hacia un comportamiento benevolente que promueva el bien común.
El poder nos hace sentir menos dependientes de los demás, liberándonos para desviar nuestra atención de los demás hacia nuestros propios objetivos y deseos. El poder corrompe de cuatro maneras:
• El poder conlleva déficits de empatía y una disminución de los sentimientos morales.
• El poder conduce a la impulsividad egoísta.
• El poder conduce a la incivilidad y la falta de respeto.
• El poder conduce a narrativas de excepcionalismo.
El abuso de poder tiene consecuencias negativas en todos los sentidos imaginables: desde la pérdida de confianza en la comunidad hasta el deterioro del desempeño laboral y la mala salud. Por el contrario, cuando las personas utilizan su poder para promover el bien común, tanto ellas como quienes reciben su apoyo serán más felices, saludables y productivas.
En mis experimentos, las personas amables y centradas en los demás gozaban de un poder duradero en escuelas, lugares de trabajo y unidades militares, evitando así la pérdida de poder tan común en la vida social humana. Que este poder duradero provenga de una atención constante a los demás tiene sentido a la luz de lo que sabemos: los grupos otorgan poder a quienes promueven el bien común y disminuyen la posición de quienes se desvían de este principio.
¿Cómo podemos evitar abusar del poder? ¿Qué enseñanzas podemos extraer de la ciencia para evitar los errores del pasado y aprovechar al máximo nuestro poder? Los principios éticos que se presentan a continuación constituyen una vía para que las personas puedan alcanzar esta aspiración.
1. Sé consciente de tu sensación de poder. Esta sensación es como una fuerza vital que recorre tu cuerpo, e implica un agudo sentido de propósito que surge cuando impulsamos a otros a la acción efectiva. Este sentimiento te guiará hacia la emoción de marcar la diferencia en el mundo. Quienes sobresalen en su poder —el médico que mejora la salud de decenas de personas al día, el profesor de secundaria que guía a sus alumnos hacia el éxito académico, el escritor cuya obra de ficción despierta la imaginación de otros— todos lo saben. Sienten la descarga de dopamina y la activación del nervio vago en los momentos más puros de empoderar a otros y promover el bien común. Si te mantienes consciente de esta sensación y su contexto, no caerás en la trampa de mitos como que el poder es dinero, fama, clase social o un título ostentoso. El verdadero poder consiste en promover el bien común, y tu sensación de poder te indicará la mejor manera de lograrlo.
2. Practica la humildad. El poder es un don: la oportunidad de marcar la diferencia en el mundo. Quienes ejercen su poder con humildad disfrutan de un poder más duradero. Irónicamente, cuanto más humildemente abordamos nuestro poder, nuestra capacidad de influir en los demás, mayor es nuestro poder. No te enorgullezcas de tu propio trabajo; mantén una actitud crítica. Acepta y fomenta el escepticismo y la resistencia de quienes te han permitido marcar la diferencia en el mundo. Recuerda que otros te han permitido marcar la diferencia, y siempre hay más trabajo por hacer.
3. Concéntrate en los demás y da. El camino más directo hacia un poder duradero es a través de la generosidad. Comparte recursos, dinero, tiempo, respeto y poder con los demás. Al dar, empoderamos a quienes nos rodean, lo que potencia nuestra propia capacidad para generar un impacto positivo en el mundo. Estos actos de generosidad son fundamentales para una sociedad fuerte, y las personas empoderadas son más felices. Cuanto más empoderamos a los demás, mayor es el bien común. Así que da de muchas maneras. Esto se convertirá en el fundamento más importante no solo para generar un impacto duradero en el mundo, sino también para tu propia felicidad y sentido de la vida.
4. Practica el respeto. Al dirigir respeto a los demás, los dignificamos. Elevamos su posición. Los empoderamos. Que todos los miembros de un colectivo social merecen una forma básica de dignidad es un fundamento ancestral de la igualdad, y se expresa en nuestra vida cotidiana a través del respeto. Practicar el respeto requiere esfuerzo. No hay recompensa que la gente valore más que ser estimada y respetada. Haz preguntas. Escucha con atención. Interésate por los demás. Reconócelos. Elogia y alaba con entusiasmo. Expresa gratitud.
5. Cambia el contexto psicológico de la impotencia. Podemos minimizar la tendencia de algunas personas a sentirse inferiores a las demás, tan perjudicial para la salud y el bienestar, practicando los cuatro primeros principios mencionados. Sin embargo, podemos hacer más. Elige un aspecto de la impotencia en el mundo y cámbialo para mejor. El aumento de la desigualdad y la persistencia de la pobreza nos brindan muchas oportunidades para este trabajo. Combate el estigma que devalúa a las mujeres. Enfréntate al racismo. Cuestiona elementos de la sociedad —el aislamiento, la falta de financiación de las escuelas, la brutalidad policial— que devalúan a las personas. Crea oportunidades en tu comunidad y lugar de trabajo que empoderen a quienes han sufrido marginación debido a errores morales del pasado.
Puede que estos pasos no parezcan las revoluciones sociales trascendentales de antaño, pero no dejan de ser revoluciones silenciosas. En cada interacción, tenemos la oportunidad de practicar la empatía, de dar, de expresar gratitud y de compartir historias que nos unan. Estas prácticas propician interacciones sociales entre desconocidos, amigos, compañeros de trabajo, familiares y miembros de la comunidad, caracterizadas por el compromiso con el bien común, donde los beneficios que las personas se brindan mutuamente superan los perjuicios que causan.
COMMUNITY REFLECTIONS
SHARE YOUR REFLECTION
1 PAST RESPONSES
Something is missing from this analysis. I gave; my husband and I were givers. My husband's ex-wife (the vampire) collected "dirt" on people and blackmailed my faithful clients after his death (part of her never-honest bid for the entire estate--which the state of Maryland upheld). Why is no group of people who appreciate givers trying to empower me to demonstrate how well it's possible to live on US$1000/month? Where's the funding?