Un día, cuando era niño, jugando en el terreno detrás de la casa, Neruda descubrió un agujero en una tabla de la cerca. «Miré a través del agujero y vi un paisaje como el que había detrás de nuestra casa, descuidado y salvaje. Retrocedí unos pasos, porque presentí vagamente que algo iba a suceder. De repente apareció una mano, la manita de un niño de mi edad. Cuando me acerqué de nuevo, la mano había desaparecido, y en su lugar había una maravillosa oveja de juguete blanca».
La lana de la oveja estaba desteñida. Sus ruedas se habían soltado. Todo esto solo la hacía más auténtica. Jamás había visto una oveja tan maravillosa. Miré hacia atrás a través del agujero, pero el niño había desaparecido. Entré en la casa y saqué algo que me había servido: una piña abierta, llena de olor y resina, que me encantaba. La dejé en el mismo sitio y me fui con la oveja.
Nunca volví a ver ni la mano ni al niño. Y tampoco he vuelto a ver una oveja igual. El juguete lo perdí finalmente en un incendio. Pero incluso ahora... cada vez que paso por delante de una juguetería, miro furtivamente por el escaparate. Es inútil. Ya no fabrican ovejas como esa.
Neruda ha comentado este incidente varias veces. «Este intercambio de regalos —misterioso— se asentó en mi interior como un depósito sedimentario», comentó en una ocasión en una entrevista. Y lo asocia con su poesía. «He sido un hombre afortunado. Sentir la intimidad de los hermanos es algo maravilloso en la vida. Sentir el amor de quienes amamos es un fuego que alimenta nuestra vida. Pero sentir el afecto que proviene de quienes no conocemos, de aquellos desconocidos para nosotros, que velan por nuestro sueño y soledad, por nuestros peligros y nuestras debilidades, eso es algo aún mayor y más hermoso porque expande los límites de nuestro ser y une a todos los seres vivos».
"Ese intercambio me hizo comprender por primera vez una idea preciosa: que toda la humanidad está de alguna manera unida... No les sorprenderá entonces que haya intentado ofrecer algo resinoso, terroso y fragante a cambio de la fraternidad humana..."
Esta es la gran lección que aprendí en mi infancia, en el patio trasero de una casa solitaria. Quizás no fue más que un juego entre dos niños que no se conocían y que querían compartir algunas cosas buenas de la vida. Sin embargo, tal vez este pequeño y misterioso intercambio de regalos también se quedó dentro de mí, profundo e indestructible, iluminando mi poesía.

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A thousand times, yes! Those unexpected gifts, those kindnesses & sharing are what makes life beautiful :)