El contraste es crucial: luz/oscuridad, sonido/silencio. A menudo olvidamos nuestra profunda necesidad de tranquilidad mientras transcurre nuestro día, entre logros, soluciones, dudas y la incertidumbre de si hemos hecho todo lo que debíamos. ¡Qué refrescante sería un cambio justo en ese momento, en medio de la acción!
¿Y si pudieras detenerte a escuchar en cualquier momento, mientras tomas un café, te cepillas los dientes, incluso en tu escritorio, dejando de lado tus papeles o la computadora? Podrías cerrar los ojos e imaginar por un instante que existe otra forma de funcionar. ¿Qué notarías? ¿Qué oirías? Quizás los latidos de tu propio corazón y tu alma llamándote a casa.
Lamentablemente, sin darnos cuenta, solemos funcionar en un modo automático de estímulo-reacción que no deja espacio para la consciencia. Las presiones de la vida y nuestros patrones habituales rigen nuestras decisiones hasta que parece que nada nuevo es posible.
Sin embargo, nuevos hallazgos en neurociencia demuestran que cambiar nuestra forma de actuar es tan importante para nuestro bienestar como alimentarnos correctamente. Estudios sobre neuroplasticidad indican cómo las nuevas impresiones estimulan e incluso nutren nuestras neuronas. Es hora de celebrar que nuestros pensamientos modifican la estructura física de nuestro cerebro. Al cambiar nuestra mentalidad, cambiamos nuestro cerebro.
El Dr. Jeffrey Schwartz, neuropsiquiatra en ejercicio afiliado a la UCLA y autor de Brainlock , trabaja con personas que padecen trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) enseñándoles a cambiar su forma de pensar mediante un programa específico de cuatro pasos. Amigos, verán que su programa podría aplicarse a todos si queremos vivir de forma más consciente.
El primer paso es renombrar tus pensamientos, sentimientos o comportamientos; darles otro nombre. Por ejemplo, eso fue lo que hice hace algunos años cuando identifiqué la voz que creía mi conciencia como un juez interno tiránico (ver Cómo domar a tu tirano interior ). A medida que reconoces y separas lo que es realmente importante para ti, puedes empezar a llamar a algunos de tus impulsos por lo que realmente son: compulsiones . No son solo otro hábito, sino mucho más fuertes, y se alimentan de tu energía. En otras palabras, te consumen.
El segundo paso sería reatribuir aquello que quieres cambiar llamándolo por su nuevo nombre, que podría ser Autómata, Hábito, Tirano, Quejica de Boca Sucia o cualquier palabrota jugosa que resuene contigo y te ayude a tomar conciencia de su presencia.
El Dr. Schwartz sugiere que el tercer paso, donde reside el verdadero trabajo, sería reenfocarse, reemplazando el pensamiento o comportamiento con una nueva acción. Además, la química cerebral creará nuevos patrones de comportamiento si se persevera lo suficiente. Como explica Schwartz: “La transmisión automática no funciona, así que la anulamos manualmente. Con alternativas positivas y deseables —pueden ser cualquier cosa que disfrutes y que puedas hacer de forma constante—, en realidad estás reparando la caja de cambios. Cuanto más lo hagas, más suave será el cambio. Como ocurre con la mayoría de las cosas, cuanto más practiques, más fácil y natural se volverá, porque tu cerebro comenzará a funcionar de manera más eficiente, evocando el nuevo patrón sin pensarlo”.
El cuarto y último paso es la revaloración. A medida que comprendas que los viejos patrones nunca te funcionaron y que otra forma de vida es posible, incluso deseable, la intensidad de la necesidad de ese comportamiento en particular disminuye. Te conviertes en una persona más feliz y saludable. ¡Esta metodología, queridos amigos, es realmente fascinante! ¡Puedes trabajar en cualquier momento para cambiar la química de tu cerebro!
Aquí tienes algunos ejercicios que puedes probar:
Empieza a fijarte en cuáles de las exigencias del día respondes con rapidez y cuáles evitas. Quizás seas como yo, buena para hacer listas de tareas, pero más centrada en tachar elementos que en priorizarlos. Cuando me siento abrumada por mi lista, un par de preguntas me ayudan a encontrar el equilibrio: ¿Qué necesito hacer ahora mismo? ¿Qué quiero hacer ahora mismo? Puede que no sean lo mismo.
Déjalo sonar. El teléfono es nuestro medio de comunicación omnipresente con el mundo. Pero no tenemos por qué ser sus esclavos, aunque a veces me cuestiono la intensidad con la que lo concentro. Vale, quizás mi trabajo sea contestar, pero puedo empezar a controlar al autómata que hay en mí que quiere cogerlo al primer timbrazo. Prueba esto: deja que suene tres veces mientras permites que el sonido penetre (y tal vez irrite) tu cuerpo/mente recién consciente, luego descuelga y contesta. Otra vez, espera dos o cuatro timbrazos. Lo que sea para mantenerte conectado con el momento y el lugar en que te encuentras.
Una forma de renovar tu perspectiva es tomar un camino diferente. Ya sea caminando al metro, conduciendo al trabajo o dando un paseo a paso ligero, elige una ruta distinta, abre un nuevo camino. ¿Por qué es importante? ¡Pregúntale al neurocientífico más cercano!
Cuando estés en casa, aplica la misma metodología de despertar y vivir. Invítate a probar algo diferente durante una semana, y luego vuelve a lo habitual. Usa la otra mano para servir el café o sujetar el cuchillo o el tenedor.
Finalmente, el reto definitivo para mejorar tus habilidades neurológicas será experimentar escribiendo con la otra mano. Dominar la ambidextría es una excelente manera de estimular el cerebro. Aprender un nuevo idioma también lo es. Prueba con crucigramas, rompecabezas y acertijos.
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The Bible taught us over 2000 years ago to guard our thoughts. It strikes me as funny that science is just starting to catch up with God's teachings.
Here's to rewiring. I refer to those pesky critical voices in my own head as squirrels. A mentor and friend, Elizabeth Ellis taught me to picture those squirrels waddling away their mouths and lil hands stuffed with peaches. :) that image makes me smile and refocuses my own thinking! Hope it helps you too.