Una persona sabia sabe cuándo y cómo hacer la excepción a cada regla… Una persona sabia sabe improvisar… Los problemas del mundo real a menudo son ambiguos y mal definidos, y el contexto siempre está cambiando. Una persona sabia es como un músico de jazz: usa las notas en la página, pero baila alrededor de ellas, inventando combinaciones que son apropiadas para la situación y las personas en cuestión. Una persona sabia sabe cómo usar estas habilidades morales al servicio de los objetivos correctos. Para servir a otras personas, no para manipularlas. Y finalmente, quizás lo más importante, una persona sabia se hace, no nace. La sabiduría depende de la experiencia, y no de cualquier experiencia. Necesitas tiempo para conocer a las personas a las que sirves. Necesitas permiso para improvisar, probar cosas nuevas, fallar ocasionalmente y aprender de tus fracasos. Y necesitas ser guiado por maestros sabios.
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