Un día, después de una charla que di sobre altruismo , una persona del público se levantó y dijo con tono irritado: "¿Qué esperas al animarnos a cultivar el altruismo? ¡Mira la historia de la humanidad! ¡Siempre es lo mismo! Una sucesión ininterrumpida de guerras y sufrimiento. Es la naturaleza humana, ¡no puedes cambiar nada!"

Pero ¿es realmente así? Hemos visto que las culturas pueden evolucionar. Por ejemplo, hemos pasado de considerar la tortura un espectáculo público totalmente aceptable y la guerra como algo noble y glorioso, a tolerar cada vez menos la violencia y a considerar la guerra cada vez más como algo inmoral y bárbaro. Pero ¿puede cambiar el individuo? Y si puede, ¿influye este cambio en la sociedad y en las generaciones venideras?
Es cierto que nuestros rasgos de carácter cambian poco mientras no hagamos nada para mejorarlos. Pero no se quedan inmóviles. Nuestros rasgos básicos, resultado de la combinación de nuestra herencia genética y el entorno en el que crecimos, constituyen solo la base de nuestra identidad. La investigación científica en el campo de la neuroplasticidad demuestra que cualquier tipo de entrenamiento conduce a una reconfiguración del cerebro, tanto a nivel funcional como estructural.
La sociedad y sus instituciones influyen y condicionan a los individuos, pero estos, a su vez, pueden hacer que la sociedad evolucione y cambie sus instituciones. A medida que esta interacción continúa a lo largo de las generaciones, la cultura y los individuos se moldean mutuamente.
Si queremos fomentar el desarrollo de una sociedad más altruista, es importante evaluar las respectivas capacidades de cambio tanto de los individuos como de la sociedad. Los descubrimientos científicos de las últimas décadas demuestran que nuestra herencia genética, por influyente que sea, representa solo un punto de partida que nos predispone a mostrar ciertas disposiciones. Este potencial —y este es un punto crucial— puede expresarse de múltiples maneras bajo la influencia de nuestro entorno y por lo que adquirimos mediante el esfuerzo que realizamos para entrenar nuestra mente o nuestras capacidades físicas. Por lo tanto, es más apropiado comparar nuestra herencia genética con un dibujo arquitectónico que podría modificarse a medida que avanza la construcción, o con un tema musical sobre el que un intérprete improvisa.
Cómo evolucionan el cerebro y el cuerpo
La plasticidad del cerebro desempeña un papel fundamental en nuestra capacidad de transformación individual. Durante mucho tiempo, un dogma casi universalmente aceptado en el campo de la neurociencia afirmaba que, una vez formado y estructurado, el cerebro adulto deja de producir neuronas y solo cambia mediante el deterioro con la edad.
Hoy sabemos que esta doctrina era completamente errónea. Uno de los principales descubrimientos de los últimos treinta años se refiere a la neuroplasticidad, un término que considera que el cerebro cambia constantemente cuando un individuo se expone a nuevas situaciones. De hecho, el cerebro adulto sigue siendo extraordinariamente maleable. Tiene la capacidad de producir nuevas neuronas, de reforzar o disminuir la actividad de las neuronas existentes e incluso de atribuir una nueva función a un área del cerebro que normalmente realiza una función completamente diferente.
Existe un segundo mecanismo que permite a los individuos cambiar: la epigenética. Para que un gen heredado de nuestros padres esté activo, debe estar "expresado", es decir, debe "transcribirse" en forma de una proteína específica que actúa sobre el organismo portador de dicho gen. Pero si un gen no se expresa, si permanece "silenciado", es como si estuviera ausente.

Los avances recientes en genética han revelado que el entorno puede modificar considerablemente la expresión génica mediante un proceso denominado epigenética. Esta expresión génica puede activarse o desactivarse bajo la influencia no solo de las condiciones externas, sino también de nuestros estados mentales.
Dos gemelos monocigóticos, por ejemplo, que poseen exactamente los mismos genes, pueden adquirir características fisiológicas y mentales diferentes si se les separa y se les expone a condiciones de vida distintas. En términos científicos, se diría que son genéticamente idénticos, pero fenotípicamente diferentes. De igual manera, una oruga y una mariposa poseen exactamente los mismos genes, pero estos no se expresan de la misma manera, dependiendo de la etapa de la vida del insecto.
Estas modificaciones en la expresión genética son más o menos duraderas y, en ciertos casos, incluso pueden transmitirse de una generación a otra, aunque no haya cambios en la secuencia de ADN de los propios genes. Estos descubrimientos han revolucionado el campo de la genética, ya que hasta entonces la simple idea de la transmisión de caracteres adquiridos se consideraba una herejía. La influencia de las condiciones externas es, por lo tanto, considerable, y hoy sabemos que esta influencia repercute hasta nuestros genes.
¿Podría el entrenamiento mental para cultivar emociones positivas conducir a cambios epigenéticos? Estudios realizados en el laboratorio de Richard Davidson en Wisconsin, en colaboración con la genetista española Perla Kaliman, demuestran que, en un solo día , meditar durante ocho horas sobre la atención plena, el amor altruista y la compasión ya induce importantes modificaciones epigenéticas. Podemos vislumbrar aquí la posibilidad de una transformación epigenética del individuo que se debe no solo a la influencia del entorno, sino también a un entrenamiento voluntario en el cultivo de cualidades humanas básicas.
Convertirse en seres diferentes
Parece posible una transformación simultánea de culturas e individuos . Los niños que crecen en una cultura donde prevalecen los valores altruistas y donde la sociedad fomenta la cooperación cambiarán no solo en su comportamiento momentáneo, sino también en su actitud general y sus disposiciones mentales. Serán diferentes, no solo porque se adaptarán a las nuevas normas culturales y las nuevas reglas establecidas por las instituciones, sino porque sus cerebros se habrán formado de forma distinta y porque sus genes se expresarán de forma distinta. Por lo tanto, un proceso dinámico de influencias mutuas continuará a lo largo de las generaciones.
En última instancia, son individuos quienes instauran regímenes totalitarios, y otros individuos quienes los derrocan para instaurar la democracia. Son individuos quienes han perpetrado genocidios al deshumanizar a sus semejantes, y son otros individuos, a veces contemporáneos de los primeros, quienes promulgaron la Declaración Universal de Derechos Humanos.
A pesar de los inmensos avances en materia de democracia, derechos de las mujeres, derechos humanos en general, justicia, solidaridad y erradicación de la pobreza y las epidemias, aún queda mucho por hacer. Sería lamentable descuidar el papel de la transformación personal para facilitar nuevos cambios.
Una de las tragedias de nuestro tiempo parece ser la subestimación considerable de la capacidad de transformación de la mente humana, dado que nuestros rasgos de carácter se perciben como relativamente estables. No es tan común que las personas enojadas se vuelvan pacientes, que las personas atormentadas encuentren paz interior, ni que las personas pretenciosas se vuelvan humildes. Sin embargo, es innegable que algunas personas sí cambian, y el cambio que se produce en ellas demuestra que no es en absoluto algo imposible. Nuestros rasgos de carácter perduran mientras no hagamos nada por mejorarlos y dejemos de lado nuestras actitudes y automatismos, o bien permitamos que se fortalezcan con el tiempo. Pero es un error creer que son inamovibles.
Sabiendo que la emulación, la inspiración y el poder de los ejemplos vivos —los aspectos nobles del conformismo— son a la vez el marco que asegura la estabilidad y la continuidad de las culturas y la fuerza motivadora detrás de su transformación y expansión, nos corresponde encarnar, en nuestro ser y en nuestro comportamiento, el altruismo que queremos fomentar: el mensajero debe ser el mensaje.
En los últimos cincuenta años, hemos visto crecer la aversión a la guerra y hemos presenciado la difusión de la idea de que la Tierra no es más que una "gran aldea". Esta evolución está en marcha. Quizás baste con participar en ella, aportando nuestra piedra al edificio, nuestra gota al océano. Pero también podemos decidir facilitarla activamente y amplificarla, como un catalizador que acelera una reacción química.
Adaptado de Altruismo . Copyright ©2015 de Matthieu Ricard. Traducción ©2015 de Little, Brown and Company.
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3 PAST RESPONSES
Yes Marco, you are right. Some times I feel am I connected with myself? There is disconnect everywhere and without connection there cannot be empathy, sympathy and altruism. I am involved in rural development, social and economical, since 12 years in Maharashtra, India and am fortunate that I am touching lives of more than 50,000 persons. More fortunate that I have been mentor to many, changing their ind-set and life style.
Love
Bhupendra
Yes, world wars have stopped but minor-wars have mushroomed. Korea, Vietnam, Iran, Iraq, Afghanistan, Yugoslavia, Libya, Tunisia, Egypt, Sudan, India-Pakistan, Bangladesh and many more. Aversion to war should be in people with political, economical and military power (less than 2%of world population) because the remaining 98% are impotent regards this matter. It seems we, businesses and people in some kind of power, are not interested in curbing violence, otherwise the simplest solution would be to shut all manufacturing plants of arms and ammunition. We have created terrible social, economical, political, environmental and educational environment all over the world and that will impact our psyche and behavior, as we understand that environment has terrific impact on our society, genes and future generation through passing on of acquired behavior (Lamarck). Two attitudes curb individuals to change: a. how can one single person impact the society and b. 'quid pro quo' expectation. Millions go to philosophical and spiritual discourses, meditation and yoga work-shops but how many change after that, despite knowing the plasticity of brain? Still let the drop be put into the ocean lest it evaporate!
[Hide Full Comment]With love
Bhupendra Madhiwalla, Mumbai, India
Interesting reading. Mostly good information, but I have to disagree with certain point. The article states: "We have seen that cultures can evolve. For example, we have gone from regarding torture as an entirely acceptable public spectacle and war as noble and glorious, to tolerating violence less and less, and increasingly regarding war as immoral and barbaric" - Perhaps in some countries this may be true, but it seems over the past few decades America has witnessed a resurgence of the glorification of war. Sadly, our nation has been at war with someone, somewhere on the earth for decades it seems, most recently for oil profits.
[Hide Full Comment]Unfortunately, now we have come to a point where war is so intensely glorified that volunteers for war are somehow considered as "heroes" instead of those Americans who promote peace, tolerance, understanding and diplomacy. The industrial military complex is big business and politicians have no plans to lesson its beastly, ravenous hunger. Who knows what country will be next? There was a time when the people spoke out against war and suffering, but now of days nobody wants to be accused of being "unpatriotic" somehow. This fallacy is yet another lie we Americans have swallowed along with political promises to end the wars. Millions of patriotic Americans love our country dearly, and do not support nor condone the wars. There is an old saying that "truth is the first casualty in any war" and although some nations may have made huge strides in regarding war as "immoral and barbaric" unfortunately this concept has not made its impact upon our America just yet. Peace is a concept that no artillery, drone bomb or machine gun can stop. It is our responsibility as civilized human beings to speak out against war no matter how "unpopular" it may make us, especially in a society that continues to glorify violence.