
Fotografía de Samuel Austin, unsplash.com
Las prácticas de consciencia despierta se centran en desidentificarse de la mente conceptual, específicamente del falso yo o ego que imaginamos ser. Llamar al ego «falso yo» no implica menospreciarlo ni juzgarlo. Es simplemente reconocerlo como lo que es: un proceso psicológico con el que nos hemos acostumbrado a identificarnos. El falso yo carece de cualidad permanente; no es ni cosa, ni sustantivo, ni persona. Es un proceso que confundimos con nuestra verdadera identidad.
A menudo me refiero a este falso yo como el yo creado por el pensamiento o el yo psicológico. El falso yo crece y se desarrolla en el inconsciente. Cuando estamos dormidos al Ser, nuestra atención se centra en la mente: la vasta gama de ideas, imágenes, creencias, hábitos, opiniones y juicios que hemos condicionado a identificar como nuestro yo. Sin embargo, estos no son el yo; son procesos psicológicos condicionados que se hacen pasar por quienes somos. Recuerda que existías mucho antes de tener pensamientos e ideas con los que identificarte. No apareciste de repente al adquirir un ego. En el mejor de los casos, el ego es una herramienta funcional que te ayuda a desenvolverte en el mundo durante un tiempo, y en el peor, es una pesadilla que parece demasiado real. En cualquier caso, el ego se convierte en un falso yo en el momento en que lo aceptamos como nuestra verdadera identidad. La buena noticia es que podemos, literalmente, despertar de la ilusión del falso yo y recuperar nuestra identidad esencial.
Comenzamos reconociendo la presencia siempre presente de la consciencia. Esta es la consciencia que lee estas palabras y se pregunta qué significan. Esa consciencia, por ordinaria y común que parezca, es la puerta de entrada al despertar a tu verdadera naturaleza del Ser. Es precisamente la consciencia que tan fácilmente ignoramos, porque siempre está presente y es más esencial para ti de lo que jamás podrías concebir o imaginar. Da un simple paso hacia adentro, alejándote de tus pensamientos, y reconoce quién eres antes de toda la actividad mental y la construcción de tu autoimagen. Es tan fácil como exhalar, tan simple como estar dispuesto a maravillarte con tu presencia intangible.
El despertar a este aspecto del Ser ocurre cuando la consciencia se desidentifica espontáneamente del contenido que la compone y se reconoce a sí misma como tu propia naturaleza. En otras palabras, la consciencia no es algo que haces, sino lo que eres esencialmente. Puedes experimentarlo si comienzas reconociendo que todo lo que piensas e imaginas que eres es esencialmente contenido mental que aparece en el campo intangible de la consciencia. El contenido de la consciencia —incluidas todas las ideas, juicios e imágenes que conforman el falso yo— va y viene. Aunque gran parte de este contenido se repite persistentemente, nada de él es permanente, y nada de él es quien eres. La clave no es creer esto, sino experimentarlo como una realidad viva y la libertad inherente al aspecto consciente de tu Ser esencial.
Pongámoslo en práctica.
Comienza por relajarte en la experiencia que estás viviendo ahora mismo. No intentes cambiarla ni averiguar por qué la estás viviendo. Deja en paz tanto tu experiencia actual como todos tus pensamientos al respecto.
Relájate y toma consciencia con la misma sensación con la que relajas tu cuerpo antes de acostarte por la noche.
Observa tus pensamientos simplemente como pensamientos, tus sentimientos como sentimientos, los sonidos que oyes como sonidos y las imágenes que ves (si tienes los ojos abiertos) como imágenes.
Relaja tu atención, dejando de centrarte en el contenido de la experiencia, y adéntrate en el espacio abierto y silencioso de la consciencia misma. Llamemos a esto el contexto consciente.
Observa que la consciencia es testigo de tus pensamientos, sentimientos, imágenes y sonidos. No intentes comprender la consciencia; simplemente observa que tus percepciones y experiencias ya están siendo observadas por ella, no por tu idea de poseer consciencia o de ser un testigo, sino por la consciencia misma. No necesitas esforzarte por ser consciente, porque la consciencia siempre está presente como el contexto consciente dentro del cual se desarrolla toda experiencia.
Nótese que la consciencia no es algo que se pueda ver, tocar o saborear. La consciencia ve, pero no puede ser vista. La consciencia oye, pero no puede ser oída. La consciencia observa todos los pensamientos e imágenes de la mente, pero no es un pensamiento ni una imagen.
Ten en cuenta que todos tus pensamientos, ideas, juicios e imágenes sobre ti mismo surgen dentro del contexto consciente llamado consciencia, y son observados por ella.
Esta práctica nos ayuda a darnos cuenta de que hay algo (la consciencia) que es más fundamental sobre quién y qué eres que todas tus ideas sobre ti mismo. Tus pensamientos sobre ti, tus experiencias y percepciones surgen y cambian continuamente, van y vienen, pero la consciencia permanece. No intentes comprender la consciencia; simplemente observa que es fundamental para ti. La consciencia es el contexto consciente dentro del cual el contenido de la experiencia surge, cambia y desaparece. Nunca puedes ver la consciencia, pero siempre estás mirando desde y como consciencia. La clave para despertar como el ser sin forma de la consciencia es soltar el aferrarse a ella con la mente y relajarse en la simple, tranquila y abierta sensación intuitiva de la consciencia misma.
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