Cuando fracasamos en algo importante para nosotros, ya sea en nuestras relaciones, en la escuela o en el trabajo, puede ser muy doloroso. Estas experiencias pueden amenazar la esencia misma de quienes creemos ser y de quienes queremos ser.
Para afrontar el fracaso, solemos recurrir a estrategias de autoprotección. Racionalizamos lo sucedido para que nos muestre una imagen más positiva, culpamos a los demás y minimizamos la importancia del suceso.

Estas estrategias pueden hacernos sentir mejor con nosotros mismos a corto plazo, pero es menos probable que nos ayuden a mejorar o a evitar repetir nuestros errores en el futuro. Las investigaciones demuestran que las personas que tienen una visión exagerada de su rendimiento académico muestran una disminución en su motivación y rendimiento posterior, en comparación con quienes se ven a sí mismos de forma más realista. Tiene sentido: si ya crees que eres excelente, puede que sientas que no hay necesidad de esforzarte en mejorar.
Analizarnos honestamente es, por supuesto, más fácil de decir que de hacer. Enfrentar nuestros demonios internos puede ser abrumador y generar sentimientos de desesperanza y desesperación. Decididos a asumir la responsabilidad, podemos dejarnos llevar, culpándonos por mucho más de lo que nos corresponde y castigándonos emocionalmente.
Aunque muchas personas creen que ser exigentes consigo mismas las hará mejores personas, las investigaciones no respaldan esta creencia: se ha demostrado que la autocrítica aumenta la procrastinación y la rumiación, e impide el progreso hacia las metas. Si ya te sientes inútil e incompetente, puede que sientas que no tiene sentido intentar mejorar la próxima vez.
Ya sea que tu modus operandi sea enaltecerte o menospreciarte, todo se trata de autojuicio. La clave está en: ¿soy buena o mala persona? Es fácil perder de vista preguntas que probablemente nos lleven a algún lado, como ¿cómo sucedió esto y cómo puedo evitar que vuelva a suceder? ¿Qué se necesita para salir de la trampa del autojuicio? La investigación en psicología social ofrece algunas perspectivas útiles.
1. Critique comportamientos específicos y modificables, no atributos globales e inmutables.
Las investigaciones sobre el estilo explicativo muestran que quienes atribuyen los eventos negativos a aspectos generales y permanentes de sí mismos (p. ej., "No soy una persona inteligente") son más propensos a deprimirse y sufrir problemas de salud . La autocrítica constructiva, en cambio, implica un estilo explicativo más optimista, centrado en áreas específicas y modificables que necesitan mejorar (p. ej., "Me quedé despierto hasta muy tarde viendo la televisión cuando podría haber estado estudiando; la próxima vez podría ponerme un límite de tiempo frente a la televisión").
2. Critica las circunstancias externas, pero luego intenta cambiarlas.
Incluso en situaciones donde obviamente tenemos la culpa, puede haber factores situacionales que nos impulsen en una u otra dirección. Por ejemplo, te quedaste despierto hasta tarde viendo la televisión, pero eso se debe en parte a que tus compañeros de piso también la veían y te costaba concentrarte en el trabajo. Sin embargo, en lugar de usar esto como excusa, podrías usarlo como palanca: cuando tengas un examen al día siguiente, sabrás que estudiar en casa puede no ser buena idea. Un error común sobre la psicología social es que se centra tanto en las influencias externas sobre uno mismo que niega la responsabilidad individual. Pero ser conscientes del poder de factores situacionales como la presión de grupo puede ayudarnos a tomar mejores decisiones. Si creemos que somos invulnerables a las presiones externas, es más probable que nos tomen por sorpresa.
3. Cambia tu enfoque de ti mismo a los demás.
En lugar de obsesionarse con el autojuicio, ya sea positivo o negativo, puede ser útil considerar cómo tus acciones afectan a los demás. Este enfoque más amplio puede ayudarte a reorientar tu atención hacia lo que más te importa: las personas a las que intentas ayudar a través de tu trabajo, la relación que quieres cultivar, y animarte a enmendar los errores que benefician a los demás. Las investigaciones sugieren que las personas que buscan objetivos compasivos en lugar de objetivos de autoimagen tienen menos conflictos en sus relaciones, reciben más apoyo y experimentan menos soledad. Cuando nos centramos en proteger nuestra autoestima, otras personas pueden representar competencia o amenazas, y es posible que no reconozcamos sus necesidades.
4. Practique la autocrítica autocompasiva.
Especialmente para las personas propensas a la vergüenza, la autocompasión puede ser justo lo que necesitan para que la autocrítica sea soportable. La autocompasión es como un paracaídas que te permite deslizarte con seguridad hacia las partes de ti mismo que temes mirar. No te dejará escapar fácilmente, pero tampoco te hundirá en las profundidades de la desesperación. La autocompasión significa decir: sí, metí la pata, pero eso no me convierte en una mala persona. Me convierte en una persona con fortalezas y debilidades, y con margen de mejora. En este ambiente de calidez, examinar más de cerca esas debilidades no da tanto miedo.
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This is such a great article. Great pointers on how to not be so hard on yourself, but to stay realistic and learn from mistakes. Thanks! :-)