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Hacia Un Contrato Ecosocial Para Futuros Regenerativos

Este ensayo presenta el contrato ecosocial como un marco visionario de gobernanza que integra poder, transacción y cuidado a través del Estado, el mercado y los bienes comunes. A diferencia de los enfoques de desarrollo fragmentados y transaccionales, enfatiza los procesos relacionales, la agencia cívica y la gestión biorregional. Basándose en la filosofía política, las cosmovisiones indígenas y la Teoría Integral, el texto aboga por una renovación multinivel y policéntrica de las relaciones humanas e institucionales, basada en la empatía, la complejidad y el pensamiento sistémico. En definitiva, es un llamado a reconstruir el contrato social como una red de cuidado, capaz de responder al colapso ecológico, la desigualdad y el colapso institucional con resiliencia cocreativa.

Introducción

Los desafíos insolubles del desarrollo no pueden resolverse únicamente con soluciones técnicas o financieras. A menudo surgen de fallos en la acción colectiva, condicionados por normas sociales, sistemas de creencias y estructuras institucionales invisibles, así como por valores y comportamientos individuales. Lograr un progreso significativo requiere transformar las relaciones de poder y realinear las aspiraciones y los sistemas de valores para fomentar el bienestar colectivo. Por lo tanto, existe una mayor necesidad de enfoques más integrados: aquellos que combinan la dinámica relacional y el proceso político con las herramientas técnicas y cuantitativas que han dominado durante mucho tiempo los paradigmas tradicionales del desarrollo. Los Estados, el sector privado y la sociedad civil desempeñan un papel crucial como agentes de cambio. Sin embargo, sus esfuerzos suelen estar fragmentados, limitados por relaciones desincronizadas que dificultan la colaboración y los resultados sistémicos.

Lo que falta es un marco compartido que facilite la armonización y la alineación mutua entre diversos actores, fomentando la colaboración fluida y el pensamiento sistémico para una transformación social más amplia. Es esencial comprender las dimensiones políticas, económicas y sociales del poder, los flujos de recursos y la toma de decisiones. Esto exige prestar atención a la estructura, la propiedad, la agencia y la desigualdad, no como categorías abstractas, sino como realidades vividas.

Este artículo presenta el concepto de contrato ecosocial : un marco relacional e integrador para abordar los desafíos interrelacionados de la gobernanza del crecimiento económico, la justicia social y la sostenibilidad ambiental. Ofrece un marco relacional para gestionar y reequilibrar las dinámicas de poder, transacción y cuidado en el Estado, el mercado y los bienes comunes, abriendo caminos inclusivos, regenerativos y cocreativos.

¿Qué es el Contrato Ecosocial?

Un contrato social, si bien puede calibrarse de múltiples maneras, representa fundamentalmente el compromiso y los acuerdos para una buena convivencia. Con raíces en la filosofía política clásica, las teorías del contrato social han evolucionado con el tiempo. En los siglos XVII y XVIII, pensadores como Thomas Hobbes (1588-1679), John Locke (1632-1704), Jean-Jacques Rousseau (1772-1778) e Immanuel Kant (1742-1804) lo conceptualizaron como fundamento de una gobernanza legítima. En la actualidad, el contrato social se ha revitalizado como marco para considerar nuevos principios y prácticas que reflejen la evolución de las decisiones y los valores en un mundo cambiante. Entre las contribuciones significativas de la segunda mitad del siglo XX, recopiladas y comparadas por Weale (2020), se incluyen The Calculus of Consent (El cálculo del consentimiento ) de Buchanan y Tullock (1962), The Grounds of Moral Judgment (Los fundamentos del juicio moral) de Grice (1967), Morals by Agreement (Morals by Agreement) de Gauthier (1986), Justice as Imparciality ( La justicia como imparcialidad) de Barry (1995), What We Owe to Each Other (Lo que nos debemos mutuamente) de Scanlon (1998) y A Theory of Justice (Teoría de la justicia ) de Rawls (revisada en 1999). Hoy, en medio de crecientes crisis ecológicas y sociales, están surgiendo nuevas articulaciones del contrato social que se centran en la interdependencia y los límites planetarios.

La intensificación de la crisis climática y el aumento de las desigualdades han fracturado los contratos tradicionales. Sin embargo, estas mismas presiones están abriendo espacio para una visión más justa y regenerativa, que armoniza las actividades humanas con los sistemas naturales. Contribuciones como el Contrato Social Natural de Huntjens (2021) y las de los estudios globales del Instituto de Investigación de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social (UNRISD) subrayan la urgencia de repensar los marcos de gobernanza para nuestro futuro común.

Fotografía de Dan Romero

Países como Ecuador (en 2008) y Bolivia (2010) fueron los primeros en implementar marcos legales que otorgan derechos y protecciones a la naturaleza, incorporando el pensamiento indígena sobre la Pachamama y representando modelos tempranos de principios ecosociales en la práctica (Kauffman y Martin, 2021). Si bien la implementación sigue siendo compleja, estos experimentos reflejan un creciente anhelo por sistemas inclusivos y orientados al futuro. Además, varios países y comunidades del Norte global se están alejando de las nociones tradicionales de progreso centradas en el crecimiento. Nueva Zelanda y la Unión Europea están incorporando marcos de bienestar en las políticas públicas (Kempf, et al., 2022).

El contrato ecosocial propuesto pretende reunir a todos los actores relevantes: ciudadanos, actores estatales, el sector privado y los actores "silenciosos" a menudo ignorados, las generaciones futuras y los sistemas naturales. El desarrollo regenerativo depende de relaciones, acuerdos e incentivos que moldean el comportamiento, influyen en las instituciones y, en última instancia, determinan los resultados sociales, económicos y ecológicos.

Este marco complementa los enfoques cuantitativos tradicionales con herramientas relacionales y contextuales, abordando factores a menudo ignorados, como la salud ecológica, las sensibilidades culturales, la dinámica institucional y las identidades sociales. Introduce una perspectiva de economía política basada en tres dimensiones interrelacionadas: poder , transacción y cuidado , que corresponden a las lógicas funcionales del Estado, el mercado y los bienes comunes, respectivamente.

El contrato ecosocial fortalece cuatro capacidades interconectadas —estatal , de mercado , cívica y biorregional— como palancas para la transición hacia sociedades regenerativas e inclusivas basadas en el bienestar. Estas capacidades brindan puntos de partida para la transformación específica del contexto, permitiendo que los sistemas se autocorrijan mediante ciclos de retroalimentación y la renovación de relaciones y recursos.

Al integrar el poder, la transacción y el cuidado, los contratos ecosociales ofrecen una nueva perspectiva para abordar las complejidades de la gobernanza moderna y promover resultados sostenibles para todos los actores. En el centro de este enfoque se encuentra el cuidado, un principio de diseño relacional que garantiza que los sistemas de gobernanza y económicos contribuyan al bienestar ecológico y social.

En resumen, el contrato ecosocial proporciona un marco para:

  • Obtenga claridad sobre desafíos complejos.
  • Fomentar el pensamiento sistémico y la interconexión.
  • Fomentar el cuidado y la capacidad de acción para co-crear soluciones viables adaptadas a contextos específicos.

Los fundamentos del marco: poder, transacción y cuidado

El Estado, el mercado y los bienes comunes operan a través de las dimensiones del poder, la transacción y el cuidado, que configuran su interacción y el cumplimiento de sus respectivos roles en la sociedad. Tradicionalmente:

  • El Estado opera a través del poder para defender el imperio de la ley, mantener el orden, prestar servicios públicos y crear condiciones propicias para los medios de vida, la iniciativa empresarial y la estabilidad social.
  • El mercado funciona a través de transacciones, utilizando mecanismos de intercambio y fijación de precios para asignar recursos y crear valor económico.
  • Los bienes comunes , apoyados por las comunidades y los comuneros, tienen su raíz en el cuidado: fomentan el bienestar colectivo y la cooperación para satisfacer necesidades compartidas.

En el marco del contrato ecosocial, el Estado, el mercado y los bienes comunes encarnan las dimensiones de poder, transacción y cuidado, a la vez que interactúan dinámicamente para moldear la sociedad. El Estado, como sistema de poder, puede implementar políticas inclusivas como la atención médica universal o las transferencias monetarias condicionadas (cuidado), y utilizar la contratación pública para prestar servicios esenciales como la educación y la infraestructura (transacción). Los mercados contribuyen impulsando innovaciones en la economía circular, adoptando prácticas laborales justas para fortalecer la resiliencia comunitaria (cuidado) y formando coaliciones para influir en los estándares del sector (poder). Las comunidades, tanto físicas como virtuales, participan en procesos de creación de bienes comunes para autoorganizarse en torno a recursos compartidos (poder) y desarrollar economías sociales y solidarias (transacción) basadas en el cuidado mutuo y el bienestar colectivo.

Figura 1: Ciclo de autorregulación de las relaciones humanas/institucionales: cuidado, transacción y poder

Esta estructura anidada e interconectada refleja la interdependencia de las tres dimensiones:

  • El cuidado fomenta la empatía, la responsabilidad y el bienestar, basando las relaciones sociales en valores compartidos.
  • Las transacciones estructuran el intercambio de recursos y garantizan la sostenibilidad económica y organizacional.
  • El poder gobierna y regula estas relaciones para defender la justicia, equilibrar intereses en competencia y prevenir la explotación.

Cuando se mantienen en equilibrio dinámico, estas dimensiones forman un ciclo autorregulador de relaciones humanas e institucionales:

  • El cuidado dirige el poder : el cuidado garantiza que el poder sirva al bienestar de las personas y los ecosistemas, en lugar de a la dominación o la explotación.
  • Las estructuras de transacción brindan atención : la transacción proporciona la organización, la responsabilidad y la sostenibilidad necesarias para implementar y ampliar las prácticas de atención de manera efectiva.
  • El poder regula las transacciones : el poder actúa como un control sobre las transacciones, protegiendo los bienes comunes y previniendo prácticas explotadoras en los mercados e intercambios.

Las sociedades sufren cuando estas dimensiones se desequilibran: cuando el cuidado se subordina a la transacción o el poder se ejerce para controlar en lugar de proteger. Por ejemplo, los ecosistemas tratados únicamente como mercancías erosionan el bienestar comunitario y el tejido moral de la sociedad. De igual manera, los estados capturados pueden desviar el poder público hacia intereses de las élites, recortando la financiación de servicios esenciales y la protección ambiental. Estas distorsiones fracturan el contrato social y socavan la legitimidad de los sistemas de gobernanza.

Para remediar estos riesgos, los contratos ecosociales deben estar inherentemente orientados al proceso y la relación. Al estar en sintonía con la dinámica relacional y los flujos sistémicos, permiten respuestas adaptativas a los desafíos emergentes y ayudan a restablecer el equilibrio dinámico. Para que se arraiguen, los estados y mercados funcionales deben operar en un contexto más amplio de cuidado, garantizando que sus acciones se guíen por el bienestar colectivo y la sostenibilidad a largo plazo (Tabla 1).

Tabla 1: Interacción entre poder, transacción y cuidado en las interacciones entre el Estado, el mercado y los bienes comunes

Nota: Los ejemplos que se presentan en cada dominio y dimensión no son exhaustivos ni excluyentes. Su objetivo es ilustrar el espíritu original o el potencial positivo que cada dimensión (cuidado, transacción y poder) puede aportar.

Es importante destacar que un auténtico contrato ecosocial también requiere transformar las relaciones de poder que sustentan la degradación ecológica y la desigualdad social. Esta transformación se sustenta en redes descentralizadas de comunidades cívicas y empresariales, donde la comunidad se convierte en un principio de cuidado que une a individuos e instituciones. Para garantizar la coordinación de políticas y el apoyo estructural, las instituciones estatales deben alinearse con estas redes, respondiendo a las realidades locales y fortaleciendo las capacidades colectivas de la ciudadanía y las empresas. Las empresas pueden formar centros regionales junto con actores de la sociedad civil para integrar los valores ecosociales en el comercio, la innovación y la responsabilidad compartida.

Esta estructura policéntrica aprovecha los efectos de red para catalizar el cambio sistémico, entrelazando a los actores del Estado, el mercado y los bienes comunes en una "Red para la Vida" colaborativa. Equilibra la centralización para la coordinación con la descentralización para la adaptación local, creando las condiciones para una participación inclusiva y de toda la sociedad en la regeneración de nuestros sistemas ecológicos y sociales.

Puesta en práctica del marco: desarrollo integrado de capacidades

Las estructuras de gobernanza configuran la interacción entre actores estatales y no estatales, definen las relaciones de poder y toman decisiones en beneficio de la colectividad. Para afrontar los complejos desafíos actuales, estas estructuras deben integrar el cuidado como principio rector, fortaleciendo la capacidad de la sociedad para cuidar tanto a las personas como al planeta. Aplicado a la gobernanza y a los sistemas económicos, el cuidado puede transformarlos de extractivos a regenerativos, priorizando la equidad, el bienestar y la sostenibilidad. Esta transformación genera tanto salvaguardias institucionales (p. ej., regulación antimonopolio, toma de decisiones participativa) como capacidades humanas, como la inteligencia emocional y el pensamiento sistémico.

Los actores cívicos desempeñan un papel fundamental en la catalización de redes descentralizadas que permiten ampliar la atención, exigir responsabilidades a las instituciones y alinear los mercados con los principios regenerativos. Sin embargo, la sociedad civil no es inherentemente cohesiva. En contextos marcados por la fragmentación o la polarización, superar las brechas y fomentar la colaboración se vuelve esencial para integrar la gobernanza centrada en la atención en los niveles micro, meso y macro, y en todos los sectores.

Estos esfuerzos sientan las bases para un enfoque integrado del desarrollo de capacidades en todos los ámbitos:

  • Capacidad del Estado: Diseñar políticas inclusivas basadas en el cuidado y la gestión ecológica. Fortalecer los marcos legales e institucionales para hacer valer los derechos, prestar servicios públicos y mantener la estabilidad social.
  • Capacidad de mercado: Apoyar modelos de negocio regenerativos y transformar las cadenas de valor para promover la equidad, el trabajo decente y la sostenibilidad ambiental.
  • Capacidad cívica: empoderar a los actores cívicos para fomentar la responsabilidad social, ampliar las innovaciones comunitarias y revitalizar los bienes comunes como una forma de vida compartida.
  • Capacidad biorregional : garantizar que los ecosistemas prosperen con biodiversidad e integridad ecológica en formas que sean relevantes a nivel local y regional.

Lo más importante es que los esfuerzos de desarrollo de capacidades en los sectores estatales, de mercado y cívicos deben converger hacia la formación de capital social, fortaleciendo la cohesión social y sentando las bases para sociedades inclusivas y colaborativas capaces de abordar desafíos y oportunidades únicos en los contextos locales.

Si bien el establecimiento de un contrato ecosocial basado en los bienes comunes que valore a cada individuo y forma de vida requiere esfuerzos multifacéticos, es esencial para el desarrollo regenerativo. Construir estas bases requiere diálogos a gran escala, abiertos e inclusivos dentro y entre las comunidades para fomentar la participación cívica y la responsabilidad social. Estos esfuerzos ayudan a reducir las asimetrías de poder mediante la creación de pesos y contrapesos entre actores estatales y no estatales, a la vez que propician la justicia restaurativa. Fortalecer el discurso y la capacidad cívica —mediante conversaciones significativas, la construcción de sentido compartido y la acción coordinada— es crucial para contrarrestar las dinámicas de poder entre el Estado y el mercado, prevenir la captura de las élites y abordar la desigualdad. En definitiva, las personas, más allá de sus roles profesionales en el empleo, desempeñan un papel vital en la restauración de las biorregiones, la revitalización de las conexiones comunitarias y el fomento de una ciudadanía responsable.

Aplicación: Abordar la captura por parte de las élites mediante contratos ecosociales

El camino de cada país hacia la integración de la inclusión social y la sostenibilidad ambiental en su paradigma de desarrollo está determinado por sus procesos políticos, su historia institucional y su contexto cultural. Los gobiernos gobiernan de forma diferente según cómo se distribuye y ejerce el poder. Transformar las relaciones de poder arraigadas requiere más que intervenciones técnicas: requiere un esfuerzo de toda la sociedad para empoderar a la ciudadanía y permitir a los gobiernos desafiar los intereses creados.

Esta sección aplica el marco del contrato ecosocial a uno de los desafíos más persistentes del desarrollo: el acaparamiento por parte de las élites, especialmente agudo en entornos ricos en recursos o frágiles donde la gobernanza está dominada por intereses particulares. La pregunta central es: ¿Cómo pueden transformarse los modelos de gobernanza impulsados ​​por las élites en sistemas centrados en la ciudadanía?

El contrato ecosocial replantea este desafío abordando no solo las brechas técnicas, sino también las dinámicas estructurales y relacionales que sustentan el control de las élites. Dado que el poder y los recursos suelen concentrarse en las élites, la transformación implica modificar las estructuras de incentivos, regular la influencia indebida y fomentar cambios de comportamiento para que las élites contribuyan al desarrollo inclusivo, en lugar de obstaculizarlo (Banco Mundial, 2022). Tres estrategias interdependientes respaldan este cambio:

  • Fortalecimiento de la capacidad de las partes interesadas: fortalecer el Estado, el mercado, la sociedad civil y los actores biorregionales para que operen de manera complementaria y reforzante.
  • Transformar la dinámica del poder: cerrar brechas de gobernanza, implementar políticas redistributivas y fortalecer a los actores locales para contrarrestar las asimetrías.
  • Fomentar reformas localmente relevantes: adaptar las reformas a los contextos locales, apoyar el pluralismo jurídico e involucrar a las comunidades en la creación conjunta de sistemas de seguimiento y circuitos de retroalimentación.

En esencia, la captura por parte de las élites se origina en una desconexión entre estas y el bienestar compartido. Una mentalidad de escasez sustenta sistemas donde el poder se concentra y los recursos públicos se distribuyen de forma desigual. Replantear la gobernanza como un proceso relacional, centrado en el cuidado, la responsabilidad mutua y el desarrollo colectivo, ofrece un punto de partida eficaz. Este cambio comienza con un diálogo honesto y la formación de coaliciones entre los distintos niveles. Los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado coordinan esfuerzos para impulsar reformas inclusivas y reorientar la gobernanza hacia el bien común.

En última instancia, la construcción nacional depende de la capacidad de la ciudadanía para participar significativamente y exigir responsabilidades a las instituciones, junto con los actores estatales y del mercado dispuestos a innovar y compartir el poder. El contrato ecosocial destaca la necesidad de un desarrollo integral de capacidades y de relaciones reequilibradas. La Tabla 2 presenta ejemplos de medidas políticas que pueden apoyar transiciones inclusivas, pero estas deben adaptarse a las realidades fiscales y a la capacidad disponible.

Cuadro 2 Reformas ilustrativas para reequilibrar el poder y abordar la captura de la élite a través de contratos ecosociales

Caminos relacionales hacia el cambio sistémico

Resolver desigualdades profundamente arraigadas requiere más que reformas aisladas o el desarrollo de capacidades individuales. Exige un enfoque fundamentalmente relacional, centrado en la calidad de las relaciones y en el diseño de procesos que faciliten la sabiduría colectiva, la coordinación y el cuidado.

Esto implica alinear múltiples dimensiones del desarrollo, inspirándose en la Teoría Integral (Wilber, 2000):

  • Dimensiones interiores (valores y cultura) : cultivar valores sociales arraigados en el cuidado, la empatía y la conciencia ecológica a través de prácticas artísticas, ecoalfabetización y desarrollo de habilidades relacionales.
  • Dimensiones exteriores (sistemas y políticas) : Diseño de mecanismos institucionales (estructuras de gobernanza, marcos legales y procesos participativos) que protejan los ecosistemas y defiendan la equidad.
  • Perspectivas individuales y colectivas : Equilibrar la agencia personal con el bienestar comunitario utilizando tecnologías como métodos participativos y Warm Data Labs.

Cuando se integran estas dimensiones internas y externas, individuales y colectivas, los contratos ecosociales adquieren significado no solo conceptual, sino también factible. Una mayor conciencia de lo que conecta, condiciona y divide a las personas —especialmente en los ámbitos invisibles del interior— es esencial para un progreso real.

Los contratos ecosociales operan en múltiples niveles: individual, organizacional, nacional e internacional. Su interconexión puede catalizar la transformación sistémica. Por ejemplo, cuando una empresa adopta principios ecosociales —que incorporan el trabajo justo, la gestión ambiental y la participación comunitaria—, puede influir en sus pares y modificar los estándares de todo el sector. De igual manera, los países pioneros que adoptan una gobernanza inclusiva y regenerativa pueden inspirar el aprendizaje compartido y fomentar la integración regional para mejorar la vitalidad ecológica, social, cultural y económica de la región a lo largo del tiempo.

Esta red relacional implica que ninguna acción existe de forma aislada. Las conexiones entre sectores, regiones y escalas amplifican el cambio. Al reorientar el desarrollo hacia las relaciones y los procesos, se pueden generar efectos dominó que transformen tanto las realidades locales como el panorama global.

Al ilustrar la interacción dinámica de poder, transacción y cuidado dentro del nexo Estado-mercado-bienes comunes, el contrato ecosocial se convierte en algo más que un marco: es un campo relacional vivo para la renovación social. Este enfoque participativo y orientado a procesos va más allá de los modelos dirigidos por expertos y orientados a resultados. En cambio, invita a profesionales, agentes de cambio y ciudadanos por igual a interactuar con la complejidad, adaptarse al contexto, cultivar el cuidado y cocrear futuros basados ​​en la responsabilidad mutua y el bienestar compartido.

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