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Felicidad: Priorizar Correctamente

Se está produciendo un cambio de vital importancia en la forma en que pensamos sobre Progreso. Un número creciente de economistas, líderes políticos y comentaristas expertos exigen mejores indicadores del bienestar social; indicadores que midan no solo nuestro nivel de vida económico, sino también nuestra calidad de vida en general. Este cambio también refleja la percepción que muchos tenemos: que la economía de consumo moderna no ha logrado resultados justos ni vidas plenas.

En las últimas décadas, nuestras vidas se han orientado cada vez más al servicio de la economía, y no al revés. Sin embargo, el crecimiento económico es en realidad solo un medio para un fin; solo importa si contribuye al progreso social y al bienestar humano. Y la tragedia es que décadas de crecimiento y progreso material no han logrado un aumento mensurable de la satisfacción vital.

Cuando el primer ministro David Cameron anunció que solicitaría a la Oficina Nacional de Estadística (ONS) que comenzara a medir el bienestar nacional del Reino Unido, los medios de comunicación lo recibieron con burla y desaprobación. Los críticos sugirieron que se trataba de un intento cínico de distraernos de nuestros problemas económicos, o simplemente un desperdicio de dinero en un momento en que hay cosas más importantes de las que preocuparse.

Estas preocupaciones son comprensibles, pero infundadas. Por supuesto, es difícil confiar en un gobierno que afirma estar comprometido con el bienestar mientras, al mismo tiempo, recorta drásticamente la financiación de los servicios públicos que contribuyen a él. Pero ver esto solo desde una perspectiva política sería perder de vista el punto clave. Centrarse en el bienestar no es una distracción, se trata de descubrir qué mejorará realmente la vida de las personas y luego actuar en consecuencia, que es, sin duda, la esencia de un buen gobierno.

Por primera vez, el Reino Unido mide y valora oficialmente las opiniones subjetivas de las personas sobre sus vidas. No se trata de una pesadilla orwelliana donde nos vemos obligados a estar contentos con nuestra situación; de hecho, es todo lo contrario. Es una oportunidad para que el gobierno escuche cómo nos sentimos y descubra qué es lo que más valoramos. Con el tiempo, esto podría llevar a un mayor enfoque en iniciativas que beneficien el bienestar de las personas y a reconocer que estas no siempre son lo mismo que lo que beneficia al crecimiento económico.

¿Qué aprendimos entonces de la publicación inicial de los datos de bienestar de la ONS en diciembre de 2011? A pesar de la crisis económica, parece que más de tres cuartas partes de las personas calificaron su satisfacción vital general con un 7 o más sobre 10.

Sin embargo, países como Dinamarca y Canadá obtienen constantemente puntuaciones superiores a ocho sobre diez en satisfacción vital promedio, por lo que podríamos estar mejor. Aún más preocupante, el 8% de las personas calificó su satisfacción vital con menos de cinco sobre diez. Esta es una puntuación de satisfacción vital muy baja, similar a las puntuaciones promedio en países como Bangladesh y Camboya.

Lo más preocupante es que el 27% de la población registró altos niveles de ansiedad. Parte de esto puede estar relacionado con la situación económica, pero gran parte refleja, sin duda, la enorme presión a la que se ven sometidas las personas en nuestra sociedad cada vez más competitiva. Muchos que parecen exitosos en términos materiales, en realidad sufren graves traumas emocionales y psicológicos.

Comprender estos hallazgos y sus causas debería ser una prioridad absoluta para los responsables políticos. La evidencia sugiere que un enfoque en el bienestar podría llevar a un mayor énfasis en la promoción de una buena salud mental; priorizar la estabilidad económica sobre el crecimiento económico; enseñar habilidades para la vida en las escuelas; y apoyar a las familias necesitadas, en particular a los niños pequeños en sus años de formación. Por ejemplo, a nivel local, un ayuntamiento que considere cerrar una biblioteca o un área de juegos para dar paso a un nuevo desarrollo comercial podría actuar de manera diferente.

Pero quizás lo más importante es que repensar nuestras prioridades también tiene implicaciones para cada uno de nosotros como individuos. Los valores egocéntricos que han acompañado nuestra búsqueda del crecimiento económico nos han animado a muchos a anteponer nuestro éxito financiero al bienestar de nuestras familias, nuestras comunidades e incluso a nosotros mismos.

Nosotros también podemos beneficiarnos de un cambio de prioridades y de reconocer que la verdadera felicidad se basa menos en lo que ganamos o poseemos, y más en nuestras relaciones y nuestro estado de ánimo; se trata tanto de lo que podemos aportar como de lo que podemos obtener por nosotros mismos. Una sociedad más feliz empieza por cada uno de nosotros.

Lograr una sociedad donde el mayor número posible de personas prospere y el menor número posible de personas sean infelices requiere cambios tanto políticos como sociales. Si hay que criticar a los políticos, debería ser por no mejorar el bienestar de las personas, no por querer medirlo. Pero reconozcamos también que todos podemos contribuir a crear una sociedad más feliz.

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COMMUNITY REFLECTIONS

2 PAST RESPONSES

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Chris Sulentic Jul 29, 2012
This article opens up a topic that has value at many levels.  The concept of measuring "progress" seems to have the potential to be quite inexpensive while simultaneously being immensely relevant to our lives.  Yet it also depends how this measuring process is framed, so perhaps the simplicity is a chimera that will be yet another battleground between competing political philosophies and hence worthless except as another way to separate us and cause endless fighting, suffering and misery.  At a personal level, the concept of progress exists in our minds as a conceptual shield that we unconsciously adhere to in order to protect our individual selves from the fear of change.  I think it's obvious that change is not always good and I (rightly, I think) fear that change is often not good at all; hence justifying our instinctual fear.  In a very real sense it comes down to dealing with loss, or potential loss, while simultaneously trusting that those who promote the changes in our worl... [View Full Comment]
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Sangeeta Bhagwat Jul 26, 2012

From the article: "Many who appear successful in outward, material terms are actually suffering serious emotional and psychological trauma."
Current measures focus on material wealth(or the lack of it) and consequently, the long term costs to the individual and society are being ignored.  I shared my views on this subject in my post "Evolving Measures" at http://xynobooks.com/2012/0...