Había estado viviendo en Londres. Era domingo, 27 de julio de 1980… un día que cambió mi vida para siempre. Me levanté antes del amanecer y salí a correr un rato largo, lento y tranquilo por Hyde Park. Al volver, cogí el Sunday Times y entré en mi piso. Después de ducharme, estaba hojeando el periódico, y al llegar a la página catorce, vi un titular en la sección de educación: «Cómo se mantiene unido el universo». Había una foto del Dr. David Bohm, profesor de Física Teórica en el Birbeck College de Londres, con un pie de foto: «Bohm y su Álgebra de Álgebras: La religión es totalidad». En ese momento supe que este artículo me hablaba y que necesitaba conocer al Dr. Bohm.
Fui al teléfono y empecé a marcar. Tras varias llamadas, encontré el número de casa de Bohm, y sin darme cuenta, estaba al otro lado de la línea. Le abrí mi corazón, le conté lo que me proponía y que necesitaba verlo. Casi sin dudarlo, aceptó pasar toda la tarde siguiente conmigo.
Al día siguiente, en la oficina de Bohm, hablamos sobre la unión de los principios de la física y la filosofía, y su relevancia para mi sueño de fundar el Foro Americano de Liderazgo. Bohm me planteó preguntas antiguas y fundamentales. ¿Qué es la mente? ¿Qué es la materia? ¿Cuál es el origen de la simetría simple que vemos a nuestro alrededor en el mundo natural? Hablamos de la vida en la "cámara de burbujas". Hablamos del entonces recientemente confirmado teorema de Bell, que demuestra sin lugar a dudas que todo está conectado con todo lo demás, que existe "separación sin separación".
La conversación de Bohm conmigo fue como un rayo. Ese día aprendí que nada se puede entender de forma aislada; todo debe verse como parte de un todo unificado. Todo está incluido en todo lo demás. Sin duda, todos estamos conectados. Y si esto pudiera enseñarse, y si la gente pudiera comprenderlo, tendríamos una conciencia diferente.
La importancia de la conversación de Bohm es enorme. En palabras de David Bohm:
Las personas crean barreras entre sí mediante su pensamiento fragmentario. Cada una opera por separado. Cuando estas barreras se disuelven, surge una sola mente, donde todos son una unidad, pero cada persona conserva su propia consciencia individual. Esa mente única seguirá existiendo incluso cuando se separen, y cuando se reúnan, será como si no se hubieran separado. En realidad, es una sola inteligencia la que trabaja con personas que se relacionan entre sí. Las señales que se transmiten de una a otra se captan con la misma consciencia. Por lo tanto, estas personas son realmente una sola. Esa separación entre ellas no las bloquea. Todas se unen. Si hubiera varias personas que realmente se unieran y trabajaran juntas de esta manera, sería extraordinario.
Bohm me dijo que tenemos capacidades internas que no reconocemos, capacidades fenomenales, si tan solo supiéramos cómo liberarlas. Estas palabras me fueron muy útiles al comenzar mi camino hacia la fundación del Foro Americano de Liderazgo. Estas palabras siguen guiándome hoy. Además, mi encuentro con Bohm confirmó mi convicción de que varias personas comprometidas podrían literalmente cambiar el mundo y, de hecho, es lo único que lo ha logrado.
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