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La "Cosecha Honorable": Lecciones De Una Tradición Indígena De Agradecimiento

¿Qué pasaría si en estas fiestas llenáramos nuestras cestas de compra sólo con lo necesario y devolviéramos algo a cambio?

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En esta temporada de cosecha, nuestras cestas están repletas, rebosantes de fragantes manzanas y abarrotadas de calabazas de invierno. También lo están los carritos de la compra de acero que traquetean por el aparcamiento, con las bolsas de plástico ondeando al viento. ¿Cómo podemos siquiera nombrar tanta abundancia? ¿Son productos básicos? ¿Recursos naturales? ¿Servicios ecosistémicos? En la cosmovisión indígena, los llamamos regalos.

Cada día recibimos una lluvia de los regalos de la Tierra: aire para respirar, agua fresca, la compañía de gansos y arces, y alimento. Al carecer del don de la fotosíntesis, los animales estamos destinados biológicamente a depender completamente de la vida de los demás, de las personas inherentemente generosas y más que humanas con quienes compartimos el planeta.

Si entendemos la Tierra como un simple conjunto de objetos, las manzanas y la tierra que las ofrece quedan fuera de nuestro ámbito de consideración moral. Nos decimos que podemos usarlas como queramos, porque sus vidas no importan. Pero en una cosmovisión que las entiende como personas, sus vidas importan muchísimo. Reconocer su personalidad no significa que no consumamos, sino que somos responsables de las vidas que arrebatamos. Cuando hablamos del mundo vivo como parientes, también estamos llamados a actuar de nuevas maneras, de modo que, al arrebatar esas vidas, debemos hacerlo de forma que honre a la vida arrebatada y a quienes la reciben.

El canon de principios indígenas que rige el intercambio de vida por vida se conoce como la Cosecha Honorable. Son una especie de "reglas" que rigen nuestra toma, para que el mundo sea tan rico para la séptima generación como lo es para nosotros.

La Cosecha Honorable, una práctica antigua y urgente, se aplica a todo intercambio entre las personas y la Tierra. Su protocolo no está escrito, pero si lo estuviera, sería algo así:

Pide permiso a quienes buscas. Acata la respuesta.

Nunca tomes lo primero. Nunca tomes lo último.

Coseche de manera que se minimice el daño.

Toma sólo lo que necesites y deja algo para los demás.

Utiliza todo lo que lleves.

Toma sólo lo que te es dado.

Compártelo, como la Tierra lo ha compartido contigo.

Estar agradecido

Devolver el regalo.

Sostén a quienes te sostienen, y la Tierra durará para siempre.

Aunque vivimos en un mundo de dones, nos encontramos atados a instituciones y una economía que preguntan sin cesar: "¿Qué más podemos tomar de la Tierra?". Para que haya equilibrio, no podemos seguir tomando sin reponer. ¿Acaso no deberíamos preguntarnos: "¿Qué podemos dar?".

La Cosecha Honorable es un pacto de reciprocidad entre los humanos y la tierra. Esta simple lista puede parecer una receta pintoresca para recoger bayas, pero es la base de un sofisticado protocolo ético que podría guiarnos en una época en la que la explotación desenfrenada amenaza la vida que nos rodea. Las economías e instituciones occidentales nos enredan a todos en una cosecha profundamente deshonrosa. Colectivamente, por consentimiento o por inacción, hemos elegido las políticas que rigen nuestras vidas. Podemos elegir de nuevo.

¿Y si la Cosecha Honorable fuera la ley del país? ¿Y si los humanos, no solo las plantas y los animales, cumplieran el propósito de sustentar la vida de los demás? ¿Cómo sería el mundo si un promotor inmobiliario, dispuesto a convertir un prado en un centro comercial, tuviera primero que pedir permiso a las alondras y a la vara de oro? ¿Y acatar su respuesta? ¿Y si llenáramos nuestras cestas de la compra solo con lo necesario y devolviéramos algo a cambio?

¿Cómo podemos corresponder a los dones de la Tierra? Con gratitud, en ceremonias, mediante actos de reverencia práctica y cuidado del territorio, en la defensa férrea de los lugares que amamos, en el arte, en la ciencia, en canciones, en jardines, en niños, en las urnas, en historias de renovación, en la resistencia creativa, en cómo gastamos nuestro dinero y nuestras valiosas vidas, negándonos a ser cómplices de las fuerzas de la destrucción ecológica. Sea cual sea nuestro don, estamos llamados a darlo y a danzar por la renovación del mundo.

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COMMUNITY REFLECTIONS

1 PAST RESPONSES

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Joan Apr 27, 2017

"Since we lack the gift of photosynthesis, we animals are destined by
biology to be utterly dependent upon the lives of others....."

How easily our bizarre, detached way of living lets us give no thought whatsoever to the most basic thing.

We humans kid ourselves into believing we are the only life that really matters on this earth, but eliminate all plants, and we can survive at all!! (And, sadly, some might quickly answer: but I don't eat plants, I can live on meat. Ahh, the ignorance is staggering.)