El siguiente artículo fue publicado originalmente en 2013.
Las recientes sequías, huracanes e inundaciones nos han hecho cada vez más conscientes de la realidad del cambio climático y del desastroso impacto ambiental de nuestra civilización industrializada y materialista. A medida que nuestro mundo se acerca al borde del colapso ecológico —el punto de inflexión del cambio climático irreversible—, la sostenibilidad se ha convertido en una cuestión vital. Pero antes de poder responder, debemos reconocer a qué Tierra intentamos ayudar, qué ecosistema trabajamos para mantener.
¿Se refiere la sostenibilidad al «crecimiento económico sostenido» y a un entorno capaz de sustentar nuestra civilización actual, con sus necesidades energéticas e impulsadas por el consumo, y su imagen de progreso económico? ¿O se refiere a todo el ecosistema, una red interconectada de vida con su vasta y asombrosa diversidad de especies? ¿Qué mundo intentamos sostener: un recurso para satisfacer nuestros deseos de prosperidad material, o una Tierra de maravillas, belleza y significado sagrado? Citando a Thomas Berry:
Ahora nos enfrentamos a un solo desafío: la supervivencia. No solo la supervivencia física, sino la supervivencia en un mundo de plenitud, la supervivencia en un mundo vivo, donde las violetas florecen en primavera, donde las estrellas brillan con todo su misterio, la supervivencia en un mundo de significado.
Si queremos preservar este mundo de maravillas, lo esencial de nuestra respuesta no es solo la acción, sino un cambio de conciencia: dejar de ver la Tierra como algo separado de nosotros, como un recurso que se puede usar y abusar. La verdadera sostenibilidad no es la sostenibilidad de nuestro estilo de vida actual —nuestra imagen de progreso y crecimiento económico—, sino la sostenibilidad de una Tierra sagrada, rica en biodiversidad y maravillas.
Para cambiar nuestra actual situación global, necesitamos llegar a la raíz de la actitud de conciencia que la creó. De lo contrario, corremos el riesgo de intentar resolver el problema con el mismo condicionamiento, el mismo proceso de pensamiento que lo creó. Es esencial en este momento crítico que comprendamos los orígenes de nuestra mentalidad actual, que ve la Tierra como un recurso, el "medio ambiente" como algo separado de nosotros. Algunos afirman que esta actitud tiene sus raíces en la Ilustración y en una conciencia newtoniana que ve la Tierra como un mecanismo insensible, separado de nosotros, que podemos controlar y dominar. Y, sin duda, el desarrollo de la ciencia y la tecnología parece habernos otorgado esta capacidad. Pero para comprender mejor esta sensación de separación, es necesario profundizar, retroceder en nuestra conciencia occidental a cuando el cristianismo primitivo persiguió a las religiones paganas y basadas en la Tierra, taló sus bosques sagrados y, poco a poco, comenzó el proceso por el cual la Tierra dejó de ser algo sagrado, de una manera impensable para un indígena. Somos los herederos de esta cultura que desterró la relación con lo sagrado de la Tierra.
Gran parte de nuestra civilización occidental ha olvidado la naturaleza sagrada de la Tierra, y desconocemos cómo este olvido afecta crucialmente nuestra relación con el medio ambiente. Si la Tierra es solo un recurso, no existe una verdadera responsabilidad. Podemos usarla y abusar de ella, como lo hacemos actualmente. Si es sagrada, ¿cómo podemos justificar nuestra actitud actual hacia el medio ambiente, nuestros actos de ecocidio?
Por ello, existe una necesidad apremiante de recuperar esta relación primordial con la vida y toda la creación. Si queremos mantener una Tierra viva y sagrada que nutra tanto nuestras almas como nuestros cuerpos, necesitamos reconectarnos con este conocimiento ancestral. No es algo nuevo que aprender, sino algo esencial que recordar, algo que siempre nos ha pertenecido, solo olvidado o censurado por nuestra cultura actual.
Lo sagrado no es algo primordialmente religioso. Pertenece a la naturaleza primaria de todo lo que existe. Cuando nuestros antepasados sabían que todo lo que veían era sagrado, esto no era algo que se enseñaba, sino algo que se sabía instintivamente. Era tan natural como la luz del sol, tan necesario como respirar. Si abrazamos lo sagrado en toda la vida, descubriremos que la vida nos hablará como les habló a nuestros antepasados. Se levantará un velo y este conocimiento innato volverá a estar presente. Esta es la sabiduría ancestral de la Tierra misma, la Tierra que ha evolucionado y cambiado a lo largo de milenios, cuya sabiduría necesitamos desesperadamente en este momento si queremos evitar un desastre ecológico aún mayor. Citando de nuevo a Thomas Berry:
No necesitamos una respuesta humana a un problema de la Tierra, sino una respuesta de la Tierra a un problema de la Tierra. La Tierra resolverá sus problemas, y posiblemente los nuestros, si la dejamos funcionar a su manera. Solo necesitamos escuchar lo que la Tierra nos dice.
Aún conservamos esta relación primordial con la Tierra en nuestra conciencia, aunque la hayamos olvidado hace mucho tiempo. Es un reconocimiento primordial de la maravilla, la belleza y la naturaleza divina de la Tierra. Es una profunda reverencia por todo lo que existe. Una vez que incorporemos esta cualidad fundamental en nuestra conciencia, podremos responder a la crisis actual provocada por el hombre desde un equilibrio, en el que nuestras acciones se basarán en una actitud de respeto por toda la vida. Esta es la naturaleza de la verdadera sostenibilidad. Citando al ambientalista canadiense David Suzuki:
La forma en que vemos el mundo determina cómo lo tratamos. Si una montaña es una deidad, no un montón de mineral; si un río es una de las vetas de la tierra, no agua de riego potencial; si un bosque es un bosque sagrado, no madera; si otras especies son parientes biológicos, no recursos; o si el planeta es nuestra madre, no una oportunidad, entonces nos trataremos con mayor respeto. He aquí el reto: mirar el mundo desde una perspectiva diferente.
Para más información sobre una respuesta espiritual a nuestra actual crisis ecológica, visite www.spiritualecology.org
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The problem I have seen so much is that the corporate titans doing much of the ecocide, don't unstained the term 'sacred. Which is why it's such a struggle for indigenous peoples to win these environmental wars using the reasoning that this land/water/air is sacred to us. The suits truly don't understand the term, and we're afraid of what we don't understand. But this can and must be changed.
To love all of Creation deeply is to love and experience Creator, God by any name we choose (or not?) - Lover of our soul, Divine LOVE Themselves, Relationship at the Center of All. Surrender to LOVE and become “one” (again). }:- ❤️ anonemoose monk